Un acuerdo para cambiar autonomía por dinero

Emilio Monzó llegó ayer a la gobernación con una carpeta bajo el brazo. Llevaba los detalles de una reunión del martes próximo con productores del sudoeste bonaerense. Ni alcanzó a abrirla. El jefe de Gabinete, Alberto Pérez, enseguida lo apuró con un anuncio: "Emilio, vas a tener que renunciar".
La gélida orden no dejó lugar para debates. El ministro de Asuntos Agrarios volvió a su despacho, juntó sus cosas y empezó a desparramar despedidas. "Arriba quieren kirchnerismo puro", le confesó a un amigo dirigente. En la gobernación, curiosamente, algunas fuentes repetían el mismo argumento.

Daniel Scioli ayer puso en práctica una sorpresiva estrategia para intentar no demolerse en la debilidad: cambiar autonomía por gobernabilidad. "Necesitamos fondos para no incendiarnos. Y nos presionan todo el tiempo. ¿Quieren un gesto político? Acá lo tienen", decía ayer un funcionario bonaerense, mientras llovían llamadas en su despacho. Mostraba la renuncia de Monzó como una prueba de subordinación al Gobierno. Y a Néstor Kirchner.

En La Plata sienten todavía el peligro del precipicio. La semana pasada el Gobierno demoró el pago de 244 millones de pesos y estuvieron a un suspiro de desdoblar salarios. Un peligro creciente mientras Kirchner refunfuñaba en Olivos por las reuniones reservadas del gobernador con opositores, con obispos, con empresarios de medios y con líderes agropecuarios. El ex presidente veía en Monzó al ideólogo principal de ese último acercamiento.

En un encuentro secreto, Scioli y sus hombres planificaron cómo sostenerse en el ahogo. "Rompemos y sufrimos. O nos subordinamos", plantearon en esa reunión. Ganó la subordinación. Monzó se fue en pleno paro agropecuario y a 20 días de que la provincia vuelva a pedir auxilio financiero. Hoy, Scioli le ofrecerá el cargo en Mar del Plata a Ariel Franetovich, el intendente de Chivilvoy, un kirchnerista inflexible.

Con eso solucionado, a la noche volará a La Plata para participar de una cena con el ex presidente, que ostentará dos objetivos: desgastar al intendente Pablo Bruera y activar las aclamaciones en favor de la candidatura presidencial de Kirchner 2011.

El patagónico mandó a decir al gobernador que debería apoyarlo en esa cruzada. También le hizo saber que sería bueno que respaldara con menos recato la nueva ley de radiodifusión. Scioli no sólo hará eso. Ya obligó a sus colaboradores a que divulguen lo que hacía un mes evaluaba en privado: ir por la reelección. Otra vía para intentar sobrevivir.

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