Un acuerdo dudoso y sin demasiado para festejar

A cuatro meses del golpe de Estado, a 30 días de las elecciones presidenciales y a tres meses de que asuma el nuevo gobierno, asombra la facilidad con que la comunidad internacional celebra la firma de un acuerdo en Honduras entre el golpismo de Roberto Micheletti y los negociadores del presidente Manuel Zelaya.
¿Acordaron que "Mel" vuelve al poder en los próximos días? No, nada de eso. Ambos grupos se pusieron de acuerdo en que sea el Congreso quien decida si se debe restituir o no al derrocado presidente. En términos futbolísticos sería algo así como festejar que se perdió uno a cero y no por goleada, cuando la región ya estaba (y aún está) al borde del papelón por no tener instrumentos para revertir un golpe de Estado.

Con este acuerdo, se le concedió un último deseo a Zelaya: será el Parlamento, quien tome una decisión, y no la Corte como proponía Micheletti. Será el mismo Congreso, vale aclararlo, que el 28 de junio aceptó primero una renuncia inexistente y cuando "se percató del error", lo destituyó. Paradojas hondureñas, el Congreso golpista será ahora paladín de la democracia.

Se podría suponer que entre los parlamentarios hay consenso para, con fervor patriótico, restituir a Zelaya. ¿Y si no ocurre? Estaríamos, entonces, ante otro gran papelón internacional. No sólo eso ¿se reconocerá al gobierno que surja de las elecciones del 29 de noviembre?

¿Cuánto demorará el Congreso en tomar la decisión? El acuerdo no lo dice, pero cierta lógica indica que debería ser antes de las elecciones, para que el "zelayismo" y la comunidad internacional avalen el proceso. El siguiente punto, entonces, es el más complejo: la fecha de la vuelta de "Mel" o mejor dicho su salida de la embajada brasileña para entrar, casi como visitante, a la Casa de Gobierno. Zelaya dijo que debe ser antes del 29 y Micheletti que no será antes de ese día. Nadie sabe qué decidirá el Congreso, pero en tren de preguntar maliciosamente: ¿y si decide que sea unos días antes de la asunción del nuevo gobierno, el 27 de enero, y sólo para la foto? Ambas partes se comprometieron a respetar su decisión.

Pero dejemos de lado los peores escenarios, ¿el acuerdo alcanza para que Tom Shannon califique de "héroes de la democracia" a los negociadores como si se pudiera ser golpista y demócrata al mismo tiempo? Esa dualidad explica bien el rol que jugó EE.UU. en esta crisis. Una visión optimista dirá que es la primera vez que se juega para restituir a un presidente. Pero también y, con certeza, que fue partícipe necesario del golpe: el poder real hondureño no toma grandes decisiones sin el visto bueno de algunos hombres fuertes de Washington. ¿Por qué sino la administración Obama tardó tanto en enviar una misión? Se podrá sospechar que no tenía mucho interés en que un aliado de Chávez regrese tan rápido y triunfante. Aunque ahora sí podrá decir que su rol fue clave para superar la crisis. Aunque Zelaya sólo vuelva para sacarse una foto con su sombrero Stetson, la marca texana que también usaba el nicaragüense Augusto César Sandino. Todo muy lindo.

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