Acuerdo de convivencia para Aerolíneas

Acuerdo de convivencia para Aerolíneas
El Ministerio de Planificación negocia un pacto de paz social en las empresas estatizadas. Los sindicatos de pilotos y personal técnico están inmersos en una pelea interna por lograr mayor injerencia en el manejo de las empresas.
Mientras el Gobierno intenta sellar en las próximas horas un “acuerdo de convivencia” con los siete gremios aeronáuticos para despejar el horizonte de eventuales conflictos en Aerolíneas Argentinas y Austral reestatizadas, los dos sindicatos más poderosos por su llegada al poder político se están enfrentando en una lucha por ahora discreta pero no por eso menos urticante: los pilotos, a quienes se les atribuye buena llegada a Cristina Fernández de Kirchner, y los técnicos, de buen roce con Julio De Vido. El marco es un demorado traspaso de acciones de manos privadas a estatales y advertencias sindicales sobre fallas de seguridad graves, atribuidas a la obsolescencia de la flota.

En la madrugada de ayer quedó suspendido el vuelo a Oackland, a semejanza de lo que en los últimos días ocurrió con otros con destino a Madrid y Roma. Según Pablo Beiró, vicepresidente de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), la partida a Australia se frustró por “una falla hidráulica” que impidió el despegue. Según APTA, los responsables de mantenimiento, fue debido a una repentina descompostura del comandante, que no pudo ser reemplazado, por falta de colegas en condiciones de ocupar su lugar. Apenas una muestra de la puja desatada, cuyo objetivo de máxima es ganar injerencia en la conducción de la compañía. En esto hay comunidad de objetivos, ya que todos los gremios avalaron la reestatización.

APLA está comandada por Jorge Pérez Tamayo, el piloto que comandó el Air Bus 340 que llevó a la Presidenta a su gira por Africa en noviembre y que, en más de una ocasión, le habría permitido aterrizar localizada en la cabina. Una deferencia que le permitió al influyente gremio tejer un buen lazo con la mandataria, reforzando el que ya construyeron con el secretario de Transporte, Ricardo Jaime.

Es este vínculo lo que le da mayor entidad a una carta recientemente despachada por Beiró a Julio Alak, gerente general designado por el Estado y miembro del flamante comité de emergencia que se constituyó para guiar a la compañía durante el traspaso de acciones desde Marsans al Estado. “Deseo transmitirle mi gran preocupación ante las dos emergencias ocasionadas por las fallas técnicas ocurridas en menos de 24 horas el último fin de semana”, arranca la nota, fechada el 12 de diciembre. Según aclaró el sindicalista a este diario, esos desperfectos tuvieron lugar en vuelos de cabotaje (uno a Río Gallegos y otro a un destino que no recuerda), pero que habrían obligado a las aeronaves a retornar a Aeroparque.

En un tono dramático, el texto sostiene que el “incremento de eventos recientes, producto de fallas técnicas, resulta alarmante” y constituyen un hecho “inédito en los 58 años de historia de Aerolíneas Argentinas”. Según los pilotos, para evitar que la empresa pueda “extinguirse”, como había ocurrido en otros casos debido a accidentes o incidentes, “es indispensable cumplir con una provisión adecuada de repuestos, sumándole a ésta una estrecha colaboración del área de mantenimiento para conservar aviones en condiciones seguras”.

Difícil no interpretar esta última advertencia como un vedado cuestionamiento a los técnicos nucleados en APTA, gremio que conduce Ricardo Cirielli y responsable de las tareas aludidas. El ex subsecretario de Política Aérea está públicamente enemistado con Jaime pero en plena construcción de lazos con De Vido, quien días pasados lo abrazó en pleno agasajo de una quinta del sindicato, como si el gremialista nunca se hubiera ido del Gobierno recomendando encarcelar al secretario de Transporte por presuntos desmanejos administrativos.

Sin embargo, Beiró descartó ante este diario que la carta dirigida a la gerencia estatal cuestione a los técnicos: “Son profesionales de gran prestigio, que colaboran en sacar adelante la compañía”. El problema, según sugiere, es atribuible a la vejez de la flota sobreexigida. Sin embargo, hay prueba de rencores mutuos. En agosto pasado un avión de Austral sufrió un incidente que los pilotos atribuyeron a un presunto sabotaje de los técnicos. APTA está preparando un comunicado fundado en el peritaje: el problema fue la “deglución de pájaros” por motores sobreexigidos debido a despejes y decolajes, sin la pausa de rutina.

En este clima enrarecido no será fácil firmar un acuerdo de paz que aglutine a todos los sindicatos en el compromiso de unificar convenios e integrar escalas salariales. Claro que ese mismo pacto de convivencia debe resolver la discusión salarial aún pendiente del año 2008 y el compromiso expreso o implícito de no implementar medidas de fuerza. Lo que en apariencia es un paso formal, en rigor se trata de una misión ciclópea que tiene entre manos la gestión estatal en esta transición. Las acciones de Aerolíneas y Austral son aún mayoritariamente de Marsans, empresa con la que hay varias cuestiones pendientes de resolución.

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