"Un acuerdo con el Club de París sería clave para aprovechar la relación bilateral"

En una entrevista exclusiva con El Cronista Weekend, el embajador alemán en la Argentina, Günter Rudolf Kniess, admite que la existencia de esta deuda sigue siendo un obstáculo para la llegada de capitales al país. Y alienta una solución definitiva como paso fundamental para que la Argentina recupere su normalidad financiera.
Günter Rudolf Kniess no puede quejarse de tener una vida aburrida. En su primer año como embajador alemán en Buenos Aires le toca encabezar los actos locales de varios aniversarios que su país conmemora en 2009. Entre otros, los 90 años de la creación de la Bauhaus, 60 años de la creación de la República Federal de Alemania, y, claro, los 20 años de la caída del Muro de Berlín. Pero además, desde hace unos días, Kniess también tiene que prepararse para lidiar con un nuevo jefe. Las elecciones celebradas el domingo reordenaron el mapa político de su país: el gobierno de coalición entre los dos grandes partidos populares, la unión de democratacristianos (CDU/CSU) y los socialdemócratas (SPD), es historia. Se espera que la canciller, Angela Merkel, que el domingo pasado obtuvo el 33,8% de los votos, forme un nuevo gobierno con el partido de los liberales (el FDP) que logró un histórico 14,6%. Como ya es tradición en la política alemana, es también de esperarse que su presidente, el carismático Guido Westerwelle, sea quien asuma el puesto de Ministro de Exteriores y así se convierta en el jefe de Günter Kniess (Massbach, 1951).

El embajador admite que no tiene demasiado tiempo para pensar en estos temas. Será porque en pocas horas se festeja otro aniversario que lo tendrá a él como protagonista en Buenos Aires: el día de la unidad alemana, que se conmemora mañana, 3 de octubre. A pesar de tanta expectativa y actividad, el diplomático recibe a Weekend distendido y de buen humor. Durante la charla de una hora analizará el nuevo panorama político, pero no esquivará temas como la deuda con el Club de París, en la cual Alemania es el principal acreedor de la Argentina. Su temple para abordar una de las cuestiones más espinosas para la relación bilateral no sorprende. Este ingeniero industrial por la Universidad de Karlsruhe está curtido en destinos ciertamente delicados. Como diplomático sirvió a su país, entre otros destinos, en la Nicaragua de los ‘80, el Yakarta de los ´90 y el Líbano de 2003.

l Las elecciones en Alemania tuvieron un 72% de participación, de las más bajas después de la guerra. Pero el resultado es considerado "espectacular". ¿Por qué?

- Bueno cada elección es i

mportante en una democracia. Porque le permite a los ciudadanos expresar a través de su voto cómo evalúan el trabajo de un gobierno. Al mismo tiempo, permite señalar qué esperan del próximo. Y eso se mostró muy bien el domingo.

l Se dio un crecimiento de partidos chicos que predicen que el escenario ya no estará dominado por los tres partidos tradicionales.

- Eso es correcto. Aunque tampoco es un cambio que se dio ahora de golpe, sino que es un proceso que se viene gestando en los últimos 10 años. No se olvide que el formato de un sistema tripartito finalizó cuando el partido de los Verdes ingresó al Parlamento hace 20 años. A eso se sumó, después de la reunificación, el partido La Izquierda, Die Linke. Obviamente, en los últimos cuatro años, en los que las dos agrupaciones más grandes estaban gobernando, los más chicos tuvieron la oportunidad de aprovechar el espacio para canalizar los reclamos de sus seguidores. Allí debe buscarse también la razón del resultado del último fin de semana.

l Ante este panorama, ¿qué cambios se pueden esperar en política exterior?

- Digamos que es un poco difícil anticipar este tipo de temas a tan poco tiempo del recuento de votos (ríe). Aunque grandes cambios en materia de política exterior no son de esperarse. Eso es algo que caracterizó a Alemania desde siempre en su historia moderna: hay un consenso en los fundamentos sobre las bases de su política exterior. Para darle un ejemplo: el apalancamiento en la Unión Europea se mantendrá también con el nuevo Gobierno de coalición entre CDU/CSU y FDP. También la relación con los Estados Unidos se mueve ya desde algún tiempo sobre una base fortalecida. Por otro lado, también estimo que se mantendrá y promoverá la expectativa de que Alemania ocupe en un mediano plazo un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Obviamente se trata de un proceso nada fácil.

l Nada fácil es también la deuda que tiene la Argentina con el Club de París. ¿Cuáles serían las claves desde la perspectiva alemana para poder cerrar este capítulo?

- En este sentido es importante recordar que fue la Argentina que a fines de los años 50 impulsó la creación del Club de París. La idea era evitar tener que resolver los reclamos de acreedores públicos externos de forma individual o a costos de terceros. Para el país deudor sería más fácil negociar las condiciones del repago de deuda con un grupo de países que país por país. Hoy, la Argentina está en deuda con este grupo por un monto superior a u$s 7.000 millones. Y creo que no es equivocado decir que sería de suma importancia para la Argentina lograr una solución. Desde nuestra parte vemos un gran potencial para la inversión en la Argentina, para las relaciones bilaterales. Pero también vemos que todo este potencial no podrá ser aprovechado mientras siga sin resolverse este problema.

l ¿Lograr una solución para fin de año es algo viable?

- Creo que todavía faltan por hacer los pasos más decisivos. Obviamente saludamos el anuncio de la señora Presidenta, cuando, el año pasado, informó que la Argentina quería solucionar el tema de una vez por todas. Pero, sobrevino la crisis. Es entendible que el proceso se dificultó. Ahora, nuevamente celebramos el anuncio que hizo el ministro de Economía, (Amado) Boudou, de buscar un acuerdo con el Club. Es algo que consideramos como un paso muy importante, también para que la Argentina vuelva a la normalidad financiera. Pero, para ello, el próximo paso ahora es que la Argentina se acerque al Club de París y que indique cómo piensa hacerlo, qué planes tiene. En pocas palabras: que inicie negociaciones formales. Porque, después de los anuncios del año pasado, ya se había avanzado: se habían realizado las definiciones necesarias. O sea, sobre el tipo de las exigencias, del valor de la deuda real, de los vencimientos. También en cuanto a los puntos técnicos quedan pocas dudas. Por eso, ahora, de lo que se trata es de encontrar el modo de cuánto, cuándo y en qué plazos se realizan los pagos.

l ¿Podría solucionarse en cuatro meses?

- No soy un experto en esta materia. Pero sí creo que, una vez que las metas de ambas partes estén sobre la mesa y que éstas no estén demasiado alejadas una de otra, se podrá llegar relativamente rápido a un consenso de cómo proceder. Pero eso en sí mismo ya sería una señal más que importante en este sentido: el mensaje oficial que se envía con esto es que el país está definitivamente dispuesto a recuperar la normalidad con su entorno en materia financiera.

l Hace poco más de un año, la Argentina reencauzó una deuda con España de u$s 1.000 millones que parecía formar parte...

- Déjeme interrumpir. Obviamente quien tendría que responder a esta pregunta es mi colega español. Pero más allá de esto, se entendió en su momento que este monto no formó parte del Club de París. Por eso también las negociaciones se realizan a través del Secretariado del Club de París.

l ¿Cuáles son los puntos más importantes que el estado alemán quiere ver cumplidos para lograr un acuerdo?

- Nuevamente, esto es algo que define el Secretariado.

l ¿Qué negocios de inversión de empresas alemanes están esperando que se solucione el tema?

- Para empezar, el acuerdo con el Club liberaría, en una primera instancia, los denominados seguros de exportación. Para el caso alemán, los denominados seguros Hermes. Se trata de garantías de crédito a través de los cuales el estado alemán cubre los grandes negocios de exportación de las empresas alemanas para permitir proyectos de inversión en infraestructura, en puertos, en energía en otros países.

l ¿Qué percepción tiene el empresariado alemán sobre los conflictos laborales como el de la germana Mahle o la multinacional Kraft? - Obviamente, en los dos casos que mencio nó se trata de dos situaciones excepcionales. Por otro lado, todavía estamos tratando de poder salir de la crisis económica. Un buen ejemplo es justamente el caso de Mahle. La empresa decidió cerrar diez de sus plantas que tiene en todo el mundo. También una en Alemania. Otra es la de Rosario. Sin embargo, la planta que funciona en Rafaela -que además es más grande-, sigue trabajando y produciendo. El paso de cerrar una y mantener la otra forma parte de una decisión estratégica muy común entre empresas o compañías internacionales en estos entornos de incertidumbre. Pero también es bueno recordar que las condiciones en la Argentina son un tanto especial: hay un sindicato fuerte que se opuso al cierre de la planta de Mahle. Sobre la base de esos reclamos, se analizó en conjunto cómo preservar la mayor parte de los intereses de todos. Y aquí es donde la comparación con lo que está pasando ahora con Kraft no cierra. En Mahle nunca se llegó a estas instancias de violencia. Tanto la empresa como las otras partes se mostraron dispuestas, desde un principio, a encontrar una solución conjunta. No es fácil y tampoco está resuelto. Pero está encaminada.

l Permítame insistir, con este tipo de sucesos, ¿cuáles son las preguntas más comunes que reciben en la Embajada de parte de inversores alemanas sobre la Argentina?

- Hay que verlo todo de forma diferencial. Si miramos lo ocurrido en los últimos meses vemos que la llegada de empresas no se interrumpió. Todo lo contrario. Volkswagen, por ejemplo, decidió hace un tiempo traer inversiones para producir aquí el primer pick up en la historia de la compañía. Y mantuvo su compromiso. Tengo entendido que en pocas semanas ese nuevo modelo será presentado desde la Argentina al mundo. Recuerde que estamos hablando de una inversión para que la Argentina abastezca el mercado global. Otros ejemplos son empresas como una fábrica de equipos de aire acondicionados y Stihl, la productora de sierras eléctricas, que abrió una planta propia gracias a una inversión muy fuerte. Lo propio hizo el servicio de correo privado, DHL. En ese sentido, Mahle es la única que tomó la decisión de reducir sus operaciones. Pero, nuevamente, es sólo en parte y por razones que tienen que ver sobre todo con la coyuntura internacional.

l Están también los reclamos que se hacen en el mundo sobre la falta de seguridad jurídica en el país.

- Se genera preocupación cuando se hacen públicos reclamos de que falta seguridad jurídica o que, de forma retroactiva, se cambian las reglas de juego. Pero, hasta ahora, cuando se nos acercó a la Embajada un tema de este tipo logramos tener una buena recepción desde el Gobierno. Casi siempre se pueden encontrar soluciones. Como decía, la Argentina es percibida por el gran potencial que tiene. Y eso me vuelve a llevar al acuerdo con el Club de París y con él a la normalización de las relaciones financieras con los mercados externos. Tenemos información de que son varias las empresas que tienen interés en la Argentina como un posible lugar de producción. Estimo que muchos analizarán de forma muy seria radicarse aquí una vez que se haya arreglado el tema.

l Alemania festeja este año los 20 años de la caída del muro de Berlín. ¿Cuáles son los cambios que se generaron para la relación bilateral a partir de esa fecha?

- No es equivocado decir que el hecho de la caída del muro es uno de los momentos más importantes y más positivos en la historia alemana en general. Por otro lado, tampoco hay que dejar de verlo en su perspectiva histórica. Este año también se conmemoran 70 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Ese hace pensar y conmemorar a los millones de víctimas que sufrieron por el holocausto y la guerra. Alemania no quiere dejar de asumir esa responsabilidad y de tratar de ayudar a elaborarla. Por eso, la caída del muro hay que verla también en esa relación y también con el hecho de que este año se cumplen 60 años de la creación del República Federal Alemana y del Grundgesetz (N de R: la Ley Fundamental que funciona como constitución alemana). Y este es un aniversario a su vez no menos importante. Marca como -desde un país en ruinas- se logró crear un Estado basado en la democracia y en los pilares de lo que nosotros llamamos "la economía de mercado social". Hoy, en 2009, se vuelve a demostrar que esta combinación fue una receta provechosa. Los alemanes están en una situación en la que pueden disfrutar de haber vivido 60 años en un entorno de estabilidad, paz y bienestar. Eso es algo que se suma a que, el 9 de noviembre de 1989, logramos superar también el resultado de la Segunda Guerra Mundial: la división de Alemania, de Europa y del mundo. Y es aquí donde también se debe ver el principal impacto para las relaciones de América latina y Europa, de la Argentina y de Alemania. Se logró superar la confrontación de los bloques cuya desconfianza paralizó durante décadas las relaciones internacionales.

l ¿Por qué festeja Alemania el 3 de octubre la unidad y su reunificación cuando la fecha de caída del muro es el 9 de noviembre?

- Por el simple hecho de que el 3 de octubre representa el día en el que entró en vigor el conjunto de leyes que regularía y ordenaría el proceso de reunificación. Por su parte, el 9 de noviembre cuenta ya con bastante carga histórica, no siempre positiva. No se olvide que es considerado como el día de la Noche de los Cristales Rotos y del inicio de la revolución alemana que se generó en 1918, tras el fin de la Primera Guerra.

l ¿Qué es lo que más lo cautivó desde su llegada de la Argentina?

- Un elemento es la estrecha colaboración científica que se está desarrollando entre ambos países. En este sentido las dos naciones parecen estar hechas una para la otra. Otro sería la iniciativa de fomento entre empresas para financiar e impulsar la colaboración científica o la estrecha colaboración a nivel universitario. Pero uno de los impactos más fuertes me lo dio la estrecha relación que se mantiene en el día a día con Alemania. Obviamente tiene que ver con la larga historia de relaciones y de inmigración que se vivió en el país. Eso es algo que no solo hace el trabajo en este país muy especial sino que además no lo viví en ningún otro destino anterior.

l ¿Y en lo personal?

- Vivir en una ciudad como Buenos Aires. Con mi mujer somos apasionados del teatro y la oferta que encontramos aquí es única. Creo que supera incluso a la de Berlín.

Comentá la nota