El acuerdo por las bases, mal presentado

Por Andrés Oppenheimer

MIAMI.- Lo más sorprendente de la indignación suscitada en América del Sur por los planes de Colombia de permitir "bases militares norteamericanas" en su territorio es que tal vez esos planes ni siquiera existan y que todo este lío no sea más que una gran metida de pata de Colombia en la forma en que presentó el asunto.

Yo mismo me sorprendí cuando el canciller colombiano, Jaime Bermúdez, me dijo en una entrevista que "no hay un solo centímetro en Colombia en el cual vaya a haber una base norteamericana".

Prácticamente todos los artículos periodísticos que había leído antes de mi llegada a Bogotá señalaban que, tras la decisión de Ecuador de ordenar el cierre de la base estadounidense de Manta en ese país, Estados Unidos estaba negociando para establecer "bases militares norteamericanas" en Colombia.

Algunos de los principales países sudamericanos -como Brasil y Chile- habían expresado su preocupación por las supuestas "bases militares estadounidenses" en Colombia y acordado discutir el tema en la cumbre de ayer de la Unasur.

El presidente colombiano, Alvaro Uribe, no asistió a la cumbre, ya que sugirió que su nación sería allí blanco de un ataque coordinado de Venezuela y Ecuador, el país anfitrión, que rompió relaciones con Colombia después del ataque de tropas colombianas contra un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano en 2008.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, dijo que había "alertado" a sus colegas de la región "acerca del peligro que representan las nuevas bases gringas para Venezuela".

Incluso el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, dijo: "No me gusta la idea de una base norteamericana en la región".

Entonces, si no habrá "bases militares norteamericanas", ¿qué es lo que habrá?, pregunté al canciller colombiano. Según Bermúdez, Colombia y Estados Unidos están discutiendo un acuerdo destinado a incrementar la cooperación militar estadounidense -especialmente en vigilancia aérea e inteligencia- para combatir a los narcotraficantes y las narcoguerrillas en Colombia.

Pero, a diferencia de las bases estadounidenses en Manta o Guantánamo o varios países europeos, en las que Estados Unidos enarbola su bandera y tiene jurisdicción y autonomía, las tropas estadounidenses no tendrán sus propias bases en Colombia, dicen funcionarios de ambos países.

"Son bases colombianas, operadas y comandadas por colombianos, en las cuales habrá acceso regulado para personal de Estados Unidos", me dijo Bermúdez.

Según la ley estadounidense, el número de tropas de Estados Unidos en Colombia no puede sobrepasar los 800 militares y 600 trabajadores contratados.

Mi opinión: si los gobiernos de Colombia y Estados Unidos están diciendo la verdad, estamos frente a un error garrafal en la forma en que Colombia ha presentado este asunto. Colombia debería haber etiquetado este acuerdo de alguna manera más acertada para impedir que otros hablasen de "bases estadounidenses" en Colombia.

Los pactos secretos

El gobierno colombiano podría haber hablado de "un ejercicio militar ampliado", por ejemplo, en lugar del ambiguo título de "proyecto de cooperación y asistencia técnica" que le puso al plan. Más aún, Uribe debería haber asistido a la cumbre de ayer.

Uribe perfectamente podría decirles a sus colegas: "Perfecto, hablemos de los acuerdos militares de todos, incluyendo los recientes acuerdos militares de Venezuela con Rusia e Irán, o de la masiva presencia de asesores militares cubanos en Venezuela, o de la ayuda de Venezuela y Ecuador a los grupos guerrilleros colombianos, verificada y certificada por Interpol".

Si los países sudamericanos quisieran una discusión franca sobre acuerdos militares, deberían tenerla y enfocarla sobre todos los pactos -públicos y secretos- que se están llevando a cabo en la región.

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