¿Se acuerdan de las testimoniales?

Por Sylvina Walger

Si hay algo curioso para recordar en este fin de año (y hay mucho, aunque algunos episodios fueron más grotescos que otros, si cabe), es que las legislativas que tenían fecha para el mes de octubre fueron sorpresivamente adelantadas para junio. El motivo, se supone, detener la sangría de simpatizantes que las encuestas anunciaban. Un crescendo que no ha cesado de aumentar desde que el matrimonio presidencial arrojó las boleadoras -con poca suerte- contra los feroces "oligarcas" propietarios de la tierra. Adelanto que vino, además, con sorpresa: las "candidaturas testimoniales". La discusión acerca de su validez o no corrió un velo sobre otros problemas. Y nadie, salvo la "eficiente" Sandra Mendoza, se enteró que el país entero estaba infectado por el dengue y la gripe A, al mejor estilo peste negra medieval, lesa humanidad en la modernidad.

Algunos atribuyen este ataque de creatividad al ex presidente, encaprichado con hacerse de, o representar, al conurbano.

El testimonial, como hemos aprendido, es aquel al que se le endilga un cierto carisma para traccionar votos. Hace campaña y hasta incluso recibe su diploma como diputado o lo que fuera, pero no está obligado a asumir. Los primeros sacrificados fueron Scioli y Massa, el entonces jefe de Gabinete, que pasó a mejor vida luego de que hasta su mujer le ganara a K en las elecciones. La tercera -también de la lista- que encontraron fue la actriz Nacha Guevara, que aceptó encantada, habló de hacer un país nuevo e insistió en sus deseos de ver a la gente feliz. Tan encantada estaba que el día en que se repartieron las comisiones la cantante se encontraba en Los Angeles en un festival de cine argentino, previo aviso que no asumiría.

En cuanto a Scioli, que estaba y está encantado con ser gobernador (aunque no es lo suyo y, si no, hablar con los familiares de los Pomar), se la buscó solito cuando en una reunión con intendentes confirmó que estaría dispuesto a reforzar la boleta.

Luego les tocó el turno a los intendentes bonaerenses (costó convencerlos). Algunos, como Baldomero "Cacho" Alvarez de Oliveira (un apellido que lo emparenta con lo mejor del cine portugués), intendente de Avellaneda, y Francisco "Barba" Gutierrez, de Quilmes, ofrecieron enseguida estampar sus nombres en las boletas de sus distritos como muestra de lealtad al ex presidente Néstor Kirchner. Este último venía sospechando (en el peronismo toda actitud paranoide tiene su razón de ser) de la lealtad de sus alcaldes, capaces de jugar a dos puntas entre el peronismo oficial y el disidente. Razón no le faltaba: la defección del intendente Pablo Bruera logró que La Plata se quedara sin planes de empleo.

Martín Sabbatella, en cambio, aceptó y ya debe haberse convertido en diputado. No ocurrió lo mismo con el recaudador Santiago Montoya, que resistió el ofrecimiento con críticas al gobierno nacional. Se negó a encabezar, en calidad de testimonial, la lista de candidatos a concejales en San Isidro. "Vi la candidatura test y me corrí. Lo rechacé y me echaron. No quise ser candidato en esa práctica política".

Desde Trinidad y Tobago, donde participaba de la V Cumbre de las Américas, Cristina defendió enfáticamente la estrategia de su cónyuge: "Nada de candidaturas testimoniales. Es algo que dicen los medios de incomunicación. Son candidaturas muy concretas para defender políticas muy concretas y a un gobierno con un modelo muy concreto". Una vaguedad que no sorprende en una señora que no pierde oportunidad de hablar. A pocas horas de la salida de Montoya del gobierno bonaerense, Néstor definió lo que entendía por "testimoniales" y defendió las candidaturas como "no testimoniales". "Son la conceptualización de ponerle rostro al proyecto". Innecesario explicar el galimatías que armaron entre los dos.

Seis meses después de los comicios, 24 candidatos oficialistas -que finalmente llegaron a 33- confirmaban que no asumirían. Scioli se hizo un lío para explicar por qué no asumía y, más cerca de Nostradamus que del galimatías, expresó: "Si la gente votó como votó, acá hay un mensaje".

Uno hubiera pensado que con esto se llegaba al fin de las "testimoniales. Pues no, el senado bonaerense las eliminó de la reforma política, pero el jefe ordenó dar marcha atrás y el engendro quedó instalado en la reforma.

La última derrota kirchnerista fue cuando perdieron a manos de la oposición la titularidad de las comisiones en diputados. Estuvieron más discretos que en el Chaco donde justicialistas y radicales se agarraron a los sillazos en la Legislatura, que debió ser desalojada por el Comando de Operaciones Especiales.

El balance que le tocará hacer a Cristina sobre sus dos años en el poder no debería dejarla contenta, aunque no hay peor ciego que él que no quiere ver. Pobre mujer, venía, se decía, a restaurar la institucionalidad y no hizo más que degradarla. Responsable de habernos crispado a todos más de lo deseable, el otro día cerró el año en La Matanza inaugurando un Shopping. Sus palabras confirmaron que las crispaciones no son imaginarias: "No hay que vivir en la Recoleta o en Palermo para tener derecho a un shopping. Se puede vivir en La Matanza y también tener derecho al shopping."

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