Un acto masivo para consolidar el poder en la CGT y en el peronismo

"Con el negro feo, no tenemos miedo", decía una bandera de los camioneros ubicada justo frente al palco. Lejos de ofenderse por el modo en que se referían a él los trabajadores de su gremio, Hugo Moyano pareció disfrutarlo, al igual que cada instante de un acto pensado quizá no para infundir temor pero sí para mostrar y consolidar su poder dentro de la CGT y del peronismo.
En la lógica de toma y daca en que está plantaeada desde su origen la relación entre Moyano y los Kirchner, el jefe de la CGT ofreció el jueves más de lo que esperaban en el propio Gobierno. Juntó unas 70 mil personas, repasó uno a uno los logros de la gestión K y llamó directamente a votar el 28 de junio por el oficialismo. Lo único que le faltó fue invitar a Kirchner a participar del acto. En la Casa Rosada aseguran que esa alternativa nunca llegó a evaluarse. En la CGT, sostienen que hubo sondeos desde lo más alto del poder en ese sentido, pero que Moyano se negó a compartir el protagonismo.

Como sea, en el Gobierno estaban más que satisfechos. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, fue uno de los primeros en llamar a Moyano para felicitarlo "por la organización, el contenido del discurso y el compromiso con un proyecto político que ha hecho del trabajo su eje central". ¿Qué pedirá ahora Moyano a cambio? "Fue un reconocimiento a este Gobierno. Seguro que no hizo todo lo que hizo para conseguir dos o tres diputados más", sostuvo otro ministro de Cristina.

Lo cierto es que una mayor presencia gremial en las listas de candidatos es uno de reclamos históricos del jefe de la CGT. También pretende quedarse con un ministerio (como reconoció hace poco públicamente su hijo Pablo), más fondos para las obras sociales, un aumento en las asignaciones familiares y en el seguro de desempleo. Todo eso, además de lo mucho que ya ha conseguido para su gremio y para él, algo que ya le generó recelo y desconfianza de otros gremios de la central sindical.

Todos ellos, o casi todos, participaron igual del acto del jueves. Unos movilizaron más (camioneros, taxistas, portuarios y marítimos) y otros menos (mercantiles, obreros de la construcción o metalúrgicos). Pero incluso algunos sindicatos que días antes ponían en duda su presencia, se preocupaban después por exaltar la masividad de sus columnas. Los estatales de UPCN, por caso, dijeron haber llevado 12 mil trabajadores.

Muchos de los secretarios generales que compartieron el palco con Moyano se sorprendieron por el excesivo tono oficialista del discurso. Algunos se sintieron más a gusto y otros más incómodos. "Yo creía que estábamos allí para marcarle la cancha al Gobierno y resulta que terminé pidiendo el voto para Cristina", se lamentó por lo bajo un dirigente gremial de los más veteranos.

La conclusión generalizada era que, una vez más, Moyano había decidido atar su suerte a la de Kirchner. Por lo menos hasta el 28 de junio. ¿Y si el oficialismo es derrotado en las elecciones? "El 29 se verá, la política suele ser muy dinámica", evaluó otro sindicalista acostumbrado a cruzar rápidamente de vereda.

Esta vez, y sobre todo después del fuerte respaldo del jueves, a algunos probablemente les será más difícil cambiar de bando. Por las dudas, hasta después de las elecciones no se alzará ninguna voz gremial para descalificar a Moyano.

Y el jefe de la CGT esperará ansioso un triunfo del oficialismo, así como también que antes sean atendidos algunos de sus reclamos. Para poder exhibir otro triunfo ante los suyos. Para mostrar, hacia dentro y hacia fuera, que la masiva movilización por el Día del Trabajador no fue en vano.

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