El acto en San Martín y Las Heras, su amigo Llaver y Los Nihuiles.

El acto en San Martín y Las Heras, su amigo Llaver y Los Nihuiles.
El líder radical convocó a 70 mil personas en su acto de campaña en la provincia. Le quitó dramatismo a la disputa por los diques y rescató la autonomía mendocina.
La muerte del ex presidente Raúl Alfonsín, independientemente de signos partidarios, doctrinas o ideologías, dejó en todos un sentimiento de vacío. Mendoza en particular se conmocionó por esta pérdida. Es generalizada en todos la identificación de Alfonsín con estos 25 años de democracia, con el regreso a la libertad, a la vigencia de las instituciones, luego del oscuro período de la dictadura militar.

Aún está presente en la memoria de la provincia esa figura que con voz firme y gesto enérgico, aquel 16 de octubre de 1983, a días de las elecciones, levantó su voz en la intersección de calles Las Heras y San Martín ante una enfervorizada multitud de 70 mil personas.

Fue esa noche cuando Alfonsín, que rompía el letargo con categóricas palabras a lo largo de dos horas, lanzó a la multitud esperanzada: "Hemos llegado acá a comprometernos con ustedes, por encima de cualquier otra cosa. Sabemos perfectamente que hay un pueblo argentino que quiere cumplir con su deber...".

"Y somos nosotros, los hombres de la política, quienes tenemos la obligación de llegar a cada sitio para explicarle, de la manera más lograda posible, cuáles son las soluciones para salir de esta crisis, de esta etapa de decadencia, de pobreza y de estancamiento".

Fue esa noche cuando el candidato de la Unión Cívica Radical dio un golpe definitivo a quienes detentaron el poder hasta entonces: "Necesitamos Fuerzas Armadas de la Constitución y de la ley, de la democracia y de la República, y no señores feudales que, porque tengan algunos galones, se crean amos de un pueblo de súbditos, porque somos ciudadanos de la República".

Esa noche, el pueblo mendocino sabía ya a quién le confiaría la Gobernación: a Santiago Felipe Llaver, un hombre del mismo sector del radicalismo, Renovación y Cambio, que creó Alfonsín. Los unía un amistad de muchos años y una ardua trayectoria dentro de la política.

Diferencia y respeto

Hoy hay coincidencias en el ámbito político mendocino de que, desde su asunción, Alfonsín se esforzó en volcar en hechos lo que ya había anticipado en sus encendidos discursos. Muy pocos se han atrevido a tacharlo de traicionar sus promesas.

Y en su relación con Mendoza, pese a las diferencias que en algún momentos surgieron con el gobierno provincial, nadie le reprochó a Alfonsín haber menoscabado el respeto por el federalismo, ni aquí ni en las otras provincias, algunas de diferente signo político.

Es más, Llaver logró que cargos destacados en orden nacional fueran ocupados por funcionarios de Mendoza para garantizar aún más una relación equilibrada con la Nación. Y no son pocos los que destacan que esa buena relación no se debió simplemente a una mera sintonía partidaria o vínculos amistosa.

De ahí que, como lo reconocen dentro del propio justicialismo, hubo mejores vínculos entre Alfonsín y el gobernador Bordón, que entre éste y el posterior presidente Carlos Menem, de su mismo partido.

Los ribetes sensacionalistas que tuvieron episodios como la toma de Los Nihuiles por parte del gobernador Llaver, a propósito de viejas diferencias con la Nación, fueron colocados en su justa dimensión por el propio Alfonsín más tarde: "Sospecho que en Mendoza, cuando piensan en mi relación con Llaver, el recuerdo popular puede remitirse a aquellas jornadas de 1986, cuando el gobernador decidió tomar los Nihuiles para reclamar ante el presidente de la Nación medidas urgentes para resolver un antiguo problema local.

"Este episodio tuvo tanto impacto en su época, que muchos asociaron ese momento con lo que sucedía en los años '20, cuando el "Gaucho" Lencinas debatía con el presidente Hipólito Yrigoyen, ambos radicales, ambos comprometidos con la democracia y los problemas de la sociedad, pero con enfoques metodológicos distintos.

"Es que la tradición política de los radicales mendocinos es muy especial. Son muy celosos de su autonomía. Cuando no están de acuerdo con las políticas nacionales, no tienen problema en plantearlo y defenderlo con toda su energía y convicciones.

"Debo confesar que justamente por ello, la Unión Cívica Radical tiene la capacidad de renovarse permanentemente, pues dentro de un marco de ideas compartido, se respeta el disenso", dijo entonces.

Por todo ello, Alfonsín siempre fue una figura gratamente recibida en Mendoza, antes, durante y después de su gestión presidencial.

Aquí estuvo durante la dictadura en actos minúsculos donde "a lo sumo reunía a 70 personas, de las cuales 40 eran de los servicios de inteligencia", recuerda un dirigente afín a Alfonsín desde aquellos años. "Aquí estuvo a principios del ‘83 durante la puja interna con De la Rúa en un acto que no reunió a más de 3 o 4 mil personas y aquí se ganó el corazón de los

mendocinos en octubre", señalan.

Luego, como presidente hizo tres visitas más "y por supuesto vino a la Vendimia de 1984, donde no solo recibió ovaciones, sino una sandía generosamente obsequiada por una reina vendimial", recuerdan.

Y si alguien afirma, como lo destacaban ayer en el Comité provincial, que Alfonsín fue "el guardián de la reserva moral de la Argentina", quizás resulte difícil encontrar argumentos para desmentir tal aseveración.

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