No aclaren que oscurece

El de Bergara es un secuestro raro por donde se lo mire. Más raro cuanto más se lo mira. Apareció atado en la casa de un policía en actividad, se investiga si lo levantaron con el auto de otro policía, en la causa figuran ya los nombres de seis policías, uno prófugo y dos en prisión y hasta ahora no hay un solo civil involucrado.Y salvo el prófugo, y hasta por ahí nomás, no se sabe si alguno o varios de ellos tienen que ver con el secuestro.
Si quedaron en el medio de una interna entre policías o son parte de un mensaje hacia el poder político ¿De quiénes contra quiénes y por qué? Esto es lo que precisa aclarar Scioli antes de decidir una purga.

Hay muchas más cosas sin explicación. Por ejemplo, que en el curso de la investigación se hubiera detenido a policías que recibieron llamadas desde un teléfono supuestamente usado por los secuestradores, cuando parecía más aconsejable mantenerlos vigilados y seguir la pista hasta el final. En el mismo revoleo de sospechas y versiones entran que el secuestro fue para cobrar una supuesta deuda del hermano y que no fue tal sino un autosecuestro. Y una actitud distante del entorno familiar que nadie se explica. Además de tenerlo 33 días en su poder, según Bergara los captores lo movieron de un lado a otro. Cobraron el rescate en un aislado paraje de Pinamar y huyeron. Todo esto junto lo puede hacer sólo una banda con enorme logística y enchufes dentro de la fuerza. Una inversión que contrasta con los 200 mil dólares de recompensa. Si es cierto que la inseguridad ocupa un lugar en la agenda de los políticos, está claro que no encuentran la forma de enfrentarla. Y encima es un problema serio que los encargados de ejecutar cualquier política sean estos policías.

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