Se acelera la transnacionalización del poder político en el mundo

El 2 de abril se reúne en Londres la Cumbre del G-20, integrada por 22 países que representan el 85% del PBI mundial. La agenda, según el primer ministro Gordon Brown, es la siguiente: "Primero estabilizar y reestructurar el sistema financiero global; segundo, recuperar el crecimiento de la economía mundial; tercero, ayudar a los países pobres en esta situación de crisis, sobre todo en lo referido al aumento de la pobreza; cuarto, y último, reestructurar las instituciones financieras internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), constituidas en la década del 40 y que tienen ahora que adaptarse a las necesidades de 2009".
Brown estima que "la crisis internacional es el resultado de los vastos cambios globales que han tenido lugar en las últimas dos décadas": ante todo, la ampliación del mercado mundial "la más grande de la historia del capitalismo desde la Revolución Industrial", que pasó de 1.000 a 4.000 millones de trabajadores; luego, la conversión de los países emergentes en la mitad del PBI del planeta, y en responsables del 80% del crecimiento de la economía mundial en los últimos cinco años.

En la visión de Brown, lo que ha ocurrido es que el capitalismo, en su doble dimensión de mecanismo de acumulación y "proceso civilizatorio", ha creado las bases materiales de una sociedad mundial; y ahora, la crisis global ha transformado esta sociedad mundial en un hecho político, en una plataforma de gobernabilidad global.

El epicentro de la crisis es EE.UU. La contracción financiera que desató la extraordinaria crisis de confianza provocada por el colapso de Lehman Brothers (18/09/08) congeló el crédito, hundió la demanda; y sumergió a EE.UU. en la recesión del último trimestre del año (-6.3%). La prioridad es resolver la crisis del sistema financiero, porque es la condición para recuperar la demanda y revertir la recesión. "Nada funcionará hasta que el sistema financiero no se recupere y vuelva a prestar de manera sostenida", dice Jean Claude Trichet, presidente del BCE. El Fondo Monetario Internacional, señala que "la crisis global es fundamentalmente una crisis de confianza, que ha provocado un grado excepcional de incertidumbre, que excede de lejos lo experimentado en las típicas recesiones". Y si la cuestión es la "confianza", la resolución de la crisis está antes en el terreno político que en el económico o financiero.

El eje del G-20 es el G-2: EE.UU y China. Dijo Hillary Clinton en Beijing: "China reconoce nuestra profunda interconexión a través de su continua compra de títulos del Tesoro. En esta crisis, salimos o caemos juntos, pero estamos en el mismo bote y remamos en la misma dirección". China se convirtió en la principal acreedora de EE.UU. en septiembre de 2008, cuando su tenencia de títulos del Tesoro alcanzó 739.600 millones de dólares. El resultado es que 60% o más del déficit fiscal estadounidense (1.9 trillones de dólares), será financiado por China.

El capitalismo es un mecanismo de acumulación y un sistema de hegemonía, orgánicamente vinculados. "No existe un Estado suspendido en el aire", dice Marx.

El G-20 se transforma en la plataforma de la gobernabilidad global. Tiene los recursos y el vínculo estructural que le permite fijar pautas, reglas y normas, el poder en el mundo de hoy. Pero este proceso acelerado de transnacionalización del poder político tiene como contrapartida una dramática intensificación de las crisis de legitimidad (gobernabilidad) de los sistemas nacionales y territoriales. La globalización política avanza, pero la cohesión interna declina.La crisis ha desatado una ola mundial de ingobernabilidad.

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