Se abre una oportunidad.

Por Ricardo Kirschbaum.

El Gobierno y los ruralistas se encuentran ante una buena oportunidad para salir de la camisa de fuerza que atenaza al conflicto. La ruptura del brete requiere de decisión y lucidez para que esta ventana que se abrió no vuelva a cerrarse con violencia.

Hace pocos días planteamos que la protesta rural podría desactivarse con una convocatoria amplia al diálogo. Y que no había razón a la vista para no ensayar ese camino.

La postergación del paro agropecuario responde a varias razones que estaban incidiendo negativamente sobre el capital político que atesora el campo. Básicamente, esta protesta no tenía un contexto favorable en las ciudades, las organizaciones de la Mesa de Enlace no exhibían posiciones absolutamente convergentes y la situación general –la crisis económica mundial y su impacto en la Argentina, más la tragedia de Tartagal– aconsejaron pisar el freno.

El Gobierno ha recibido bien esta decisión. El ministro del Interior, luego de ponderar la postergación de la protesta, ha dicho que el diálogo puede retomarse y que esto era producto de la desgastante experiencia anterior.

¿Se puede enhebrar una negociación global que contemple la situación actual del campo y las necesidades objetivas de la administración? ¿Es posible un acuerdo que pueda abrir otra etapa en esta relación?

Parece difícil porque hay agravios que se han mantenido, con posicionamientos políticos que han hecho del conflicto permanente una táctica electoral.

Sin embargo, el intento de encontrar un mejor nivel para la relación con este importante sector obliga a los protagonistas de esta negociación a ser racionales y responsables.

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