Una abogada adicta se confiesa: "Hay un delivery de paco en Tribunales"

Una abogada adicta se confiesa: "Hay un delivery de paco en Tribunales"
Probó pasta base hace cuatro años en una fiesta organizada por colegas y amigos y nunca más la dejó. Dice que muchas personas de alto poder adquisitivo la consumen. "Los pibes la toman con tetra, nosotros con Johnnie Walker".
"Es mentira que el paco es la droga de los pobres, los pibes de la villa la toman con tetrabrik, nosotros con Johnnie Walker etiqueta negra". La frase pertenece a Letizia del Valle Giménez, una prestigiosa abogada penalista con experiencia internacional (egresada de la Universidad Nacional de Córdoba y doctorada en Derecho), que a los 46 años tomó una valiente decisión: reconocer su adicción a la pasta base e iniciar un tratamiento de recuperación. "Yo sé que voy a ser adicta toda mi vida, pero tengo que intentarlo, porque mi vida se arruinó cuando probé esta basura y quiero tratar de recuperarla", relata en diálogo con Crítica de la Argentina. La profesional reconoce que "llegó a gastar 2.000 pesos diarios en paco" y que "a muchos colegas les traen la droga al Palacio de Tribunales como si fuera un delivery" hasta el interior mismo de los juzgados.

Pero sus palabras, sin embargo, no son un testimonio más. Plantean un nuevo aspecto en la discusión sobre el flagelo de esta droga, la llamada droga de los pobres. Y extirpan al paco, si se quiere, de su escenario habitual: la órbita de la pobreza y la marginalidad.

–¿Cuándo fue la primera vez que probó paco?

–Fue a mi regreso de un viaje a Marbella, a mediados de 2004. Mis amigos me hicieron una fiesta de recepción y uno de ellos me ofreció paco. Lo fumé pensando que era como el crack y que lo iba a poder manejar. De hecho fui consumidora social de otras drogas y nunca me había transformado en adicta. Pero no fue así. El paco me atrapó y me arruinó la vida.

–¿Qué otras drogas había probado?

–En realidad fui adicta toda mi vida, creo que hay un componente genético que nos transforma en más propensos a ciertas adicciones. Lo primero fue el alcohol, después otro tipo de estimulantes, en Europa llegué a probar el hachís, pero jamás algo que provoque la sensación de angustia y desesperación que genera la pasta base.

–¿Por qué es tan terrible?

–Primero porque te provoca una adicción incontrolable que te lleva a consumir una dosis tras otra para mantener el efecto que genera. Después porque provoca alucinaciones terribles. Llegué a hacer cosas muy feas bajo los efectos del paco, una vez casi prendo fuego mi casa en medio de un ataque de delirio. Es la droga del demonio.

–¿Conoce gente de clase media alta que consuma paco?

–Adictos al paco hay en todos los ámbitos. Pero le aseguro que está lleno de personas de mi clase que toman pasta base, gente de muy buen nivel socioeconómico y cultural, abogados, médicos, todos ellos muy prestigiosos. Por ejemplo en el Palacio de Tribunales hay muchos colegas que toman y se sabe, pero nadie hace nada. He visto a muchos colegas consumir en los juzgados. Pero lo que ocurre es que se oculta que esta droga ya atrapó a la clase media y alta por el estigma que representa reconocer la adicción al paco. Pero tenemos que sacarnos la careta y admitir que estamos enfermos. Los pibes de la villa toman paco con tetrabrik, nosotros con Johnnie Walker etiqueta negra.Y no vamos a comprar la pasta a los barrios pobres, la pedimos por teléfono y nos traen la droga a casa, al despacho, es un delivery que los más ricos nos podemos dar el lujo de pagar.

–Existe el prejuicio de que el paco es una droga barata y que por eso la consumen los más pobres.

–Eso es una gran mentira. Cuando recién empezó a distribuirse en Argentina, la regalaban, después empezaron a venderla por uno o dos pesos, pero ahora cuesta mucho más cara, no conseguís una dosis por menos de diez o quince pesos, es casi tan cara como la cocaína. Con un agravante: el paco te obliga a consumir muchas dosis en poco tiempo. Yo me he llegado a gastar 2.000 pesos en un día en pasta base. Yo me los podía gastar, pero no todo el mundo tiene mi condición económica. Por eso los chicos de la villa que no tienen recursos para bancar la adicción, entran en un espiral delictivo que no pueden frenar para conseguir la plata.

–¿Qué está haciendo para tratar de zafar de su adicción?

–Ahora estoy en proceso de recuperación, con diferentes tratamientos psicológicos, no estoy empastillada, pero hago terapia de grupo. Paso entre 4 y 6 horas diarias con asistencia profesional.

–¿Por qué se decidió a hablar?

–Es muy difícil dar la cara, pero yo me cansé de estar careteando todo el tiempo la situación. Tengo tres hijas mayores que me acompañan en este difícil proceso de recuperación, me costó admitir ante ellas mi adicción, pero no me arrepiento de habérselo contado. No me avergüenza reconocer que soy una enferma que está tratando de recuperarse, pero esta adicción es incurable. Fui una estúpida, nunca imaginé que esto fuera tan horrible, es un verdadero infierno. Las madres de clase media deben estar muy atentas porque éste no es un problema sólo de los más pobres, nuestros hijos también consumen. El Gobierno está gastando una fortuna para prevenir la gripe porcina y no tenemos una puta víctima de esta enfermedad, mientras se nos están muriendo cientos de pibes por el paco y nadie hace nada.

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