El abandono vive en el viejo Hospital Clemente Alvarez

El abandono vive en el viejo Hospital Clemente Alvarez
Un gato muerto rodeado de palomas sobresale entre la suciedad que rebasa de una habitación que supo ser un quirófano. En el resto de los espacios el panorama no difiere demasiado. Abunda el abandono y la dejadez. Como si alguien hubiera saqueado el lugar para librarlo luego a su destino. El gobierno de la provincia tiene en carpeta recuperar el viejo Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Virasoro y Mitre) para transformarlo en la sede del fuero penal de los Tribunales Provinciales. Mientras tanto, el inmueble permanece desamparado en toda su extensión.
La fotos que ilustran esta nota son elocuentes. Y quizás huelguen las palabras. Pero la sorpresa del fotoperiodista Francisco Guillén merece citarse. "No podía creer lo que veía. Pocas veces estuve en un ambiente tan sucio". En rigor, se refería a los corredores, ex habitaciones, salas, laboratorios y oficinas del antiguo centro sanitario.

El ingreso del Heca por Rueda, entre Sarmiento y Mitre donde entraban las ambulancias, presenta hoy vestigios de lo que supo ser ese lugar. Todavía permanecen algunas camillas herrumbradas y sillas de ruedas deterioradas. Ahí nomás, al costado de la garita de la seguridad, hay un viejo soporte para el suero.

Los vecinos de la zona suelen preguntar a los empleados de la empresa privada de custodia qué van a hacer con esos elementos, pero ellos no tienen respuestas. La gente ni siquiera imagina lo que hay adentro.

En los alrededores del edificio, la sensación de letargo y abandono también permanece latente. Aunque, en este caso, es por los efectos de la mudanza. Como ya dio cuenta este diario, los comerciantes de la zona donde el hospital estuvo emplazado durante décadas, jamás imaginaron que la actividad en ese lugar iba a decaer tan abruptamente. La venta en varios rubros se vino a pique, en algunos casos hasta el 70 por ciento. Los negocios que perduran se mantienen a duras penas y otros piensan en bajar la persiana. El impacto que causó el traslado es palpable en las adyacencias de Mitre, Virasoro, Sarmiento y Rueda.

Puertas al interior del hospital existe el temor a la contaminación. "Hay cosas tiradas por todas partes", dijo el reportero gráfico después de constatar, por ejemplo, "probetas con un líquido extraño entre verdoso y amarillo volcado sobre el piso y escritorios".

Y ni hablar del sector donde permanecían los enfermos de sida. "Es un desastre, hay colchones podridos y siempre van animales", comentan allegados al ex efector quienes prefirieron permanecer en el anonimato.

Además, en el proceso de mudanza, durante el que se llevaron el mobiliario e instrumental (aunque no todo) que podía llegar a servir, debieron hacer algunos boquetes que quedaron como ruinas de lo que fue.

Por su parte, una sala de informática es hoy una especie de caja de contención de CPU y monitores tirados y adornados por caca de palomas.

En los distintos boxes y salones del personal abundan barbijos y guardapolvos manchados por humedad y agua, y paredes rotas con inscripciones plasmadas como huellas del pasado reciente: "Toti te queremos, aguante Toti", dice una de ellas. El deseo de la recuperación de un paciente solía quedar gravado con intención indeleble.

Y más aún. Hay marcas de otro tiempo. Una foto con cuatro residentes pone en evidencia algunos de los rostros de quienes caminaron por esos pasillos. Y se suman historias clínicas, radiografías y videos de intervenciones: más indicios del sinuoso camino entre la vida y la muerte.

   Es llamativo que todavía queden desparramados blisters con medicamentos, gasas y sueros cerrados, aparte de libros de ingresos escritos durante años. Uno de ellos, rojo rabioso, quedó sobre un charco al que las palomas van a beber.

   Ni hablar de la lámpara scialítica encendida que ilumina a giorno un quirófano huérfano de prácticas. Muy cerca de allí se insinúan frascos con acido bórico, antipiréticos, jeringas y guantes; focos de un proceso de contaminación que ni siquiera guarda respeto a quienes ocasionalmente podrían transitar por el lugar.

   Más allá de que muchos objetos podrían servirles a diversas instituciones, quedó expuesta la falta de responsabilidad y la desidia de una histórica mudanza.

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