5.200 muestras para identificar restos óseos de desaparecidos.

La sangre de familiares de los NN fue recolectada en todo el país y enviada para su análisis a EEUU a un costo de 400 mil dólares.
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) recolectó 5.200 muestras de sangre de familiares de desaparecidos para ser comparadas con restos óseos, en la primera campaña lanzada junto con el Estado por la identificación de personas desaparecidas.

El proyecto Iniciativa Latinoamericana para la recolección a gran escala de muestras de sangre representa uno de los logros más importantes de la organización que se dedica a la búsqueda, investigación e identificación de restos óseos de personas desaparecidas entre 1974 y 1983, los "años de plomo" en Argentina.

"Por primera vez lanzamos en el país un proyecto masivo a través del Ministerio de Salud, con 60 hospitales en todo el país; el Ministerio de Justicia, que puso a disposición 65 oficinas para realizar esta campaña, y la Secretaría de Derechos Humanos", explicó Luis Fondebrider, fundador y titular del EAAF.

El científico calificó como "el máximo esfuerzo en 25 años de trabajo" la campaña implementada en 2008 que permitió enviar 5.200 muestras a un laboratorio de EEUU -el único con capacidad para analizar esa cantidad- por un costo de 400 mil dólares cuya financiación está a cargo del Congreso norteamericano y el Estado nacional.

Con esta iniciativa, las posibilidades de identificar restos óseos es mayor debido a que las personas que responden a la convocatoria y dejan su sangre, también aportan información sobre las características del desaparecido.

Las expectativas eran de alcanzar la cifra de 3.600 muestras, pero la respuesta fue mayor y, sumadas las que ya almacenaban, llegaron a 5.200, equivalente a unas 2.500 familias, que serán comparadas con 600 restos óseos que esperan identificación.

El trabajo de investigación para identificar restos óseos pertenecientes a personas desaparecidas entre 1974 y 1983 es realizado desde 1984 por el EAAF con aportes de gobiernos europeos y fundaciones americanas, y recién en 2003 comenzó a recibir ayuda del Estado.

"Es obligación del Estado hacerse cargo de lo que pasó en el pasado y una forma es apoyar proyectos que busquen traer verdad sobre lo que sucedió", afirmó Fondebrider.

Con cerca de 350 cuerpos identificados desde que iniciaron la tarea, Fondebrider consideró que la cantidad es comparativamente baja con relación al número de desaparecidos " porque es más difícil identificar un esqueleto que un cadáver".

La distinción obedece a que con un cadáver se pueden obtener más elementos, como cabellos, en cambio con un esqueleto "es necesaria información antemorten y por eso es importante la ayuda de los familiares".

"La principal dificultad es que hay cuerpos que no se van a poder encontrar porque cuando se enterraban como NN en los cementerios, se removían a los cinco años y muchos fueron tirados a un osario común", precisó.

A ello se suma que las exhumaciones ordenadas por la justicia en 1983 se realizaron "con palas mecánicas y sepultureros asesorados por médicos forenses que hicieron las cosas mal".

Sobre las personas arrojadas al mar sólo aparecieron 60 cuerpos y, según Fondebrider "no van a aparecer más porque ya se perdieron con el agua".

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