2016: un día inolvidable para la Cidade Maravilhosa

2016: un día inolvidable para la  Cidade Maravilhosa
Desde temprano se vivió con intensidad la elección; la primera celebración se dio cuando Chicago, el principal adversario según los pronósticos, quedó fuera de combate; al quedar mano a mano con la capital española, todo Brasil presagió el triunfo final
Si hay una ciudad en el mundo donde nunca faltan motivos para celebrar, se está hablando de Río de Janeiro. Y con la decisión del Comité Olímpico Internacional que convirtió a Río en sede olímpica para el 2016, los cariocas no mellaron su fama.

Desde las 10 de la mañana, el escenario que se montó en la playa frente al emblemático Copacabana Palace reunió a miles de brasileños y algunos curiosos turistas para seguir de cerca la decisión del COI.

El clima festivo dejaba entrever una singular mezcla del carnaval carioca junto a alguna dosis del fanatismo que sólo pueden inyectar los torcedores del jogo bonito, inundando la playa de Copacabana con la camiseta de la selección verdeamarela, sin restar mérito a quienes prefirieron vivir la instancia decisiva con los colores de sus amores, explicando las abundantes camisetas de Flamengo y Botafogo.

Sin importar el resultado o quizá por la ansiedad provocada por la espera, multitudes se abalanzaban sobre el merchandising olímpico que se repartía entre banderas brasileñas y pañuelos con una leyenda tajante: "Esta vez, le toca a Río". Su desafiante advertencia se debía a las derrotas que esta ciudad venía recibiendo en sus últimas postulaciones, donde ni siquiera alcanzó un puesto entre los finalistas. El herido orgullo carioca ahora quedó restaurado.

Como suele suceder en acontecimientos de esta magnitud, el imán que provoca un extraordinario despliegue de medios de comunicación reunió a una pequeña tropa de manifestantes con reclamos políticos, donde se destacó algún centenar de alumnos de secundaria vestidos de negro y con narices de payaso buscando contrastar los ánimos que se vivían a sólo metros de ellos.

Sin embargo, lejos de percibirse tensión en el ambiente, los cariocas pro olímpicos buscaban persuadirlos de que se sumaran a los festejos, llegando a infiltrarse entre ellos un payaso empapado de consignas de Río 2016 que provocó risas entre varios de los jóvenes.

Cuando anunciaron que Chicago estaba fuera de la competencia, la secuencia de gritos y aplausos coincidió milimétricamente con el grito de "Brasil" por los altoparlantes, el mismo que suena cada vez que la selección verdeamarelha anota un gol.

El motivo del festejo era obvio: los medios de comunicación locales venían vaticinando que la puja sería entre Estados Unidos y Brasil, como si las candidaturas de Tokio y Madrid hubieran sido opciones que nacieron heridas de muerte. Una vez que Tokio quedó descartado, los ánimos de la multitud se multiplicaron tanto como la nueva ola de cariocas que continuaba invadiendo las selectas playas de Copacabana. En la cabeza de todos estaba presente la ecuación continental con la elección de Londres para 2012, que favorecía claramente a Río en desmedro de Madrid.

De esta manera, antes de conocerse el resultado, se anticipaba un triunfo histórico. Faltaba, nada más, la ratificación del COI. Al conocerse la decisión, la parcela de playa tomada por miles de cariocas y turistas se convirtió en una suerte de reveillao, el festejo del año nuevo en Brasil donde se copan las playas para festejar.

Entonces, ese himno de Río de Janeiro, Cidade Maravilhosa, salió de los altoparlantes para acompañar a la multitud congregada para el festejo, y las calles se inundaron de bocinazos y gritos durante varias horas. Un festejo que los brasileños, especialmente los de estirpe carioca, no saben hacer de otra manera: anticipando el carnaval en Río.

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