2011

Por Jorge Fontevecchia

En sólo diez meses los argentinos volveremos a votar. Estas elecciones legislativas predeterminarán al Presidente de 2011.

En sólo diez meses los argentinos volveremos a votar. Estas elecciones legislativas predeterminarán al Presidente de 2011. Así han sido siempre todas las votaciones previas a un comicio presidencial: Alfonsín perdió en 1987 las elecciones que anticiparon el triunfo del peronismo en 1989. Menem ganó las de 1993 que fueron la antesala de su reelección en 1995 y perdió las de 1997 que anticiparon la derrota del peronismo y el triunfo de la Alianza en 1999. Las consecuencias de la derrota de De la Rúa en las elecciones legislativas de octubre de 2001 (fue el primer Presidente que tuvo minoría en la Cámara de Diputados desde la llegada de la democracia) se hicieron notar inmediatamente. En 2005, Kirchner amplió su triunfo electoral de 2003 y confirmó lo que terminó sucediendo: que en 2007 el país haya elegido “un pingüino o una pingüina”.

El deseo del oficialismo sería repetir un pingüino o una pingüina para 2011, pero las posibilidades son muy escasas. Nunca hubo en la Argentina un Presidente con el mismo apellido durante tres períodos consecutivos. Aunque antes los períodos presidenciales hayan sido de seis años y ahora sólo de cuatro, la gente se cansa hasta del más genial estadista, y más aún de quien no lo es. Esto se percibe hoy con Cristina Kirchner, quien, haga lo que haga, ya no tiene forma de conquistar el afecto de sus ciudadanos y, en otra proporción, con Néstor Kirchner, quien, haga lo que haga, ya no tiene la posibilidad de conquistar la confianza de nadie, aunque aún le tengan una cuota de temor y respeto.

Nada es para siempre, y no hay forma de escapar de las consecuencias que produce el paso del tiempo. Tanto en la política como en la música: Charles Aznavour se mantiene fiel a su estilo y cosecha el encendido aplauso de un pequeño grupo de fans de su edad. Mick Jagger se transforma y rejuvenece captando audiencias más jóvenes, pero al precio de estar al borde del patetismo. No hay forma: aun siendo Alfonsín o Clinton, se pierde la partida contra el tiempo.

Si no fuera un Kirchner, entonces, el candidato oficialista cantado de 2011 es Scioli. Pero a la “maldición de Rosas”, que prescribe que nadie llegará a la Presidencia directamente desde la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires, se agrega el hecho de que nunca gana el candidato del mismo partido del Gobierno nacional que está en picada: los fracasos de Angeloz con Alfonsín y de Duhalde con Menem son ejemplos nacionales, y McCain con Bush el internacional. Scioli tratará de mostrar distancia de los Kirchner, pero los ejemplos demuestran que es muy difícil llegar a tiempo y resultar convincente.

El próximo Presidente tiene más posibilidades de surgir de la oposición que del oficialismo. Pero, ¿qué perfil de líder querrán los argentinos en 2011? Hoy por hoy, los candidatos son tres ingenieros, una abogada y un médico, sumado a la posibilidad de que se agregue un ex corredor de F1.

Los ingenieros, uno civil, otro hidráulico y otro agrónomo, en ese orden, son Macri, Cobos y Solá. De este último, publicamos hoy un extenso reportaje (ver página 20). Sus posibilidades de llegar él mismo a la Presidencia no son las mayores, pero sí es quien tiene para sumar a una alianza lo que a todos los otros les falta: una pata peronista en la determinante y mayoritaria Provincia de Buenos Aires, y una pata políticamente más correcta que la que directamente Duhalde ofreciera, y a nivel nacional más moderna que la de los caudillos federales como Rodríguez Saá, Romero o Puerta. Estos últimos, aliados electorales de Menem en las elecciones de 2007, no tendrían ningún reparo en aportarle a Macri su caudal, mientras que Solá va y viene porque algo le hace ruido. Al mismo tiempo, Solá sería muy bien recibido como pata peronista de una eventual alianza con el radicalismo, la Coalición Cívica y Cobos, mientras que no serían bien recibidos en ese sector progresista los Rodríguez Saá, por ejemplo.

Cobos es otra bisagra: Carrió, el radicalismo y el socialismo nunca tendrían a Macri como su candidato a Presidente, pero Cobos tiene un pragmatismo distinto, tan distinto que hasta le permitió ser vicepresidente de Cristina Kirchner y la cabeza de los radicales K. Muy simplificadamente, podría decirse que Macri por un lado y por otro Carrió, Binner y el radicalismo tienen un claro posicionamiento, y Cobos y Solá podrían integrarse en cualquiera de los dos sectores, como también entre ellos mismos. Si el escenario no cambiara, el próximo Presidente debería surgir del sector de la oposición hacia el cual se inclinen Cobos y Solá, sea Macri o el polo cívico de la UCR, Coalición Cívica y Socialismo.

El sector de Macri ya tiene su candidato: es Macri. Mientras que en el polo cívico se abre un abanico de posibilidades: Carrió, Cobos o Binner. Si Cobos regresa al radicalismo, no habría que descartar que venciera a Carrió en una eventual interna, porque la imagen positiva de Lilita es muy alta pero también lo es la negativa.

El mismo problema tenía Macri hace algunos años: era valorado y denostado en proporciones significativas. Pero cambió desde que identificó en esa causa su principal problema, y comprendió que para ganar una elección de cargos ejecutivos era tanto o más importante bajar la imagen negativa como subir la positiva, porque en un eventual ballottage el voto en contra era determinante, como lo comprobó en carne propia en las elecciones que perdió frente a Ibarra en 2003 por 6% después de haberlas ganado en primera vuelta.

Por eso, la estrategia de Macri ha sido la opuesta a la de Carrió: no confrontar con Kirchner y alejarse de lo que Lavagna (aliado de Solá) llama peyorativamente “la oposición rabiosa”. Cobos y Binner también hacen el equilibrio de mostrarse críticos pero moderados. Probablemente sólo ejerciendo puestos ejecutivos se aprenda a morderse la lengua antes de hablar, pero no es una garantía, puesto que Néstor Kirchner acumuló desde 1987 a 2007 veinte años ininterrumpidos de poderes ejecutivos: cuatro como intendente de Río Gallegos, once y medio como gobernador de Santa Cruz, y cuatro y medio como Presidente, sin haber podido moderarse.

Quizá la posición ideal sea la de Cobos: es el propio Kirchner quien lo ataca (“Cristina todas las mañana me echa en cara: ‘Mirá el vicepresidente que me pusiste’.”) engrandeciendo la figura de Cobos y permitiéndole incluso mostrar una cara moderada con toda la exposición de un cargo relevante pero sin el desgaste de una gestión ejecutiva como sí tienen Macri o Binner en Santa Fe. Al atacar tan alevosamente a Cobos, ¿Kirchner interviene en la interna del polo cívico creándole a Carrió un competidor en su terreno?

Macri apuesta a la gestión, pero para eso necesita que la fortuna no se decida en las elecciones de 2009, cuando aún no se podrán percibir las mejoras que él aspira a generar en la Ciudad, la mayor parte de infraestructura: reparación y construcción de colegios, mejora del espacio público, entubados que eliminen las inundaciones y nuevos transportes públicos, entre otras, que se sumen al asfaltado de media Buenos Aires, obra que sí termina a tiempo. ¿Alcanza eso para ser Presidente? ¿Alcanza la moderación de Cobos? ¿La seriedad médica de Binner? ¿La simpatía de Solá? ¿La presencia ausente de Reutemann? Carrió está hecha de otra madera, con todo lo bueno y todo lo malo que eso significa.

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