En 2010 la vida saldrá más cara

Aunque se prevé un despegue económico para el año próximo, la inflación volverá a ser un problema. El incremento del costo de vida podría a superar el 15% y llegaría al 20% anual ¿Cuánto afectará en la economía doméstica?
El futuro llegó hace rato, aunque cueste asumirlo. A los tarifazos, la suba de tasas municipales y los anuncios oficiales sobre la dificultad para dar aumentos salariales en el Estado, se suma otra variable negativa: en 2010 la inflación podría llegar al 20% anual, por lo que volvería a ser un problema.

Mientras en 2009 la crisis internacional y la consecuente recesión interna, sumadas a un impacto fuerte de la gripe A en el consumo, actuaron a favor de controlar, en parte, la suba de precios, las predicciones indican que en 2010 no tendríamos la misma suerte.

Hoy consultó a distintos referentes económicos para saber si los pronósticos del 20% se cumplirán.

Inflación

De acuerdo a las expresiones de Manuel Solanet, ex secretario de Hacienda de la Nación, el próximo año va a haber una recuperación de tarifas atrasadas,

y "como hay precios de la canasta básica sometidos a control, seguramente se van a ajustar, con un proceso de recuperación relativa", aseguró.

Solanet señaló que la economía se está empezando a recuperar y eso puede reactivar los precios. "La inflación nos trae consecuencias a todos, y sobre todo a los que viven de un ingreso fijo", dijo el ingeniero, a sabiendas del pánico que genera una aumento desmesurado de los precios.

Para Abraham Gak, director del Plan Fénix de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la inflación "no debería aumentar tanto, porque no hay excesiva monetización, y si mejora el consumo, como está previsto, no debería haber tanta inflación. Además hay que ver cómo fijan los precios los 200 o 300 empresarios que manejan el mercado. A mí me parece que pensar en un 10% anual es razonable", lanzó el economista.

Gak aseguró, en diálogo con Hoy, que" la redistribución sigue siendo resistida, se entiende como una medida regresiva, y eso tiene que cambiar, se deben mantener los aumentos de sueldo, y la participación del salario en la economía debe aumentar".

El pronóstico del decano

Despojado de toda definición cientificista, y como se describe en los pasillos de cualquier supermercado de barrio, la inflación es la pérdida del valor del dinero. Por eso genera tanta preocupación, y a más de uno quita el sueño: es desesperante que el salario con el que una familia podía hacer las compras del mes, de golpe no alcance para una compra quincenal. Y no hay variable económica que sirva para hacer entender -a esa familia- por qué ya no llega a fin de mes.

Para el decano de la Facultad de Ciencias Económicas, de la UNLP, Luis Scuriatti, si efectivamente llega a haber un rebrote del aumento de la producción, puede producirse inflación, "que hasta ahora ha sido muy baja, de cinco, seis puntos anualmente".

De todos modos, la autoridad académica señaló que es difícil "decirlo, porque hay poca información oficial, y la que hay es errónea".

El encargado de determinar el nivel inflacionario en el país es el desprestigiado INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos), intervenido por el polémico Guillermo Moreno. Scuriatti, al ser consultado por este medio sobre el proceso de desarrollo económico, aseguró que "a nivel local la producción bajó mucho a principios de 2009, ahora está un poco mejor. Aumentó un poco el empleo".

De acuerdo al decano de Económicas, el despegue inflacionario puede estar dado por la falta de inversión que hay en el país en equipos, bienes y tecnología. Esas faltas podrían generar un aumento de costos, lo que dispararía la inflación al 20%, pero para que eso pase tiene que haber una expansión muy grande.

"Sí puede suceder que los niveles actuales se dupliquen, y se alcance un 12% de inflación, pero 20% anual me parece mucho, sobre todo porque retraería el desarrollo de la economía, porque la gente consumiría menos", afirmó Scuriatti.

El ansiado despegue

Tras meses de panoramas oscuros, casi negros, y pronósticos desalentadores, tanto para empresarios como para ciudadanos, comenzó a hablarse de una posible salida del estado recesivo.

"Hay sectores de la producción que van saliendo del golpe recesivo", aseguró Scuriatti, como los servicios o la industria sin chimeneas", (el turismo).

El decano aseguró que ya está habiendo, y se va a producir una demanda de bienes que, dada la restricción económica, puede generar un aumento de precios; y la inflación terminaría retrayendo la demanda, por lo cual el panorama no sería del todo feliz. "Recuperación seguro va a haber, pero no tan brutal como la que nos quieren hacer creer".

En 2009 el PBI creció menos que cero. "Es más probable que el crecimiento sea negativo que positivo. Esto no coincide con lo que diagnostica el Gobierno, que prevé un aumento del 3%. En otros países, como Brasil, está previsto que el crecimiento sea del 4%, hasta del cuatro y medio; eso nos arrastraría a nosotros que exportamos", aseguró el economista.

Aunque Argentina crezca el 2% o el 3%, como cree el Gobierno, el desarrollo va a seguir siendo bajo en relación a otros países. Las dificultades que tiene Argentina de crecimiento tienen que ver con el bajo nivel de inversiones y el bajo nivel tecnológico. Desde hace tiempo los problemas son los mismos, pero poco se hace para solucionarlos.`

El país de la imprevisibilidad

Al ser consultado sobre el nivel inflacionario para 2010, Marcelo Lascano, Economista y Jefe de una consultora en cuestiones de números, aseguró que para pronosticar el nivel inflacionario en este país "hay que ser Mandrake" el legendario. Aunque aclaró que se puede hablar del 20%, "pero la verdad es que no se sabe".

De acuerdo al economista, hay datos alentadores sobre la reactivación, como las cosechas, "pero no pasa lo mismo con la producción de carne. Yo creo que 15% es un número razonable, pero como el secretario de Comercio, Moreno, divide por la mitad, dividí esa cifra y listo; tenés el nivel inflacionario para el 2010", aseguró Lascano, haciendo una especie de parodia sobre cómo el oficialismo calcula las variables que determinan la economía.

Lascano destacó que el hecho de que la mayor potencia económica del mundo esté saliendo de una de las crisis más agudas de la historia inunda de expectativas al resto

de los países.

El economista destacó que hay que frenar un poco el clima de confrontación, porque los cortes de calle no facilitan las inversiones.

"Es muy probable que haya reactivación, porque muchas empresas dieron de baja inventarios, y eso puede traer una reactivación de la economía", dijo Lascano. Y a eso se le suma la temporada de fin de año, el aguinaldo. "Pero lo que realmente suma es un sistema donde la política gremial no se profundice".

Siguiendo la misma línea, el economista expresó que "el clima es pro, pero la sociedad demanda menos confrontación; no es para creer que nos vamos a comer la cancha".

Se achica el bolsillo

La pérdida del valor del dinero genera malestar, desesperación, y también reclamos. Sólo así puede entenderse la seguidilla de paros que sacudieron a la Provincia en lo que va del año.

Por un lado, desde el gobierno se aseguró que es imposible dar aumentos; por otro, cuando las subas fueron concedidas, el incremento rindió muy poco. Así es como la inflación consume el sueldo y los aumentos nunca rinden.

En la semana que pasó hubo un paro de 24 horas, llevado adelante por los docentes bonaerenses.

Sin embargo desde el gobierno provincial insistieron en que no habrá aumentos antes de fin de año, pero dejaron abierta la posibilidad de discutir una suba para 2010, anuncio que no fue del todo bien recibido en el sector.

"Hemos sido muy claros, y no es que nos dé satisfacción esa claridad, pero decimos que en el año 2009 no hay aumento salarial, pero estamos dispuestos a sentarnos a trabajar ya para el 2010, que no es una meta lejana, 2010 empieza en 60 días", señaló Mario Oporto, director general de Cultura y Educación bonaerense.

Las buenas intenciones del ministro pueden ser ciertas, pero para cuando el aumento sea concedido, quizá la inflación ya lo haya consumido.

El fantasma inflacionario

Quién no habrá visto, alguna vez, cómo en el gobierno de Ricardo Alfonsín la gente hacía cola desde la mañana para comprar aceite; o no habrá leído los carteles "sólo uno por persona", en la estanterías de los paquetes de azúcar.

En ese entonces, el cambio constante de precios generaba en las empresas y en los comercios una actitud de protección: guardaban la mercadería para no perder plata y actualizar, cuando considerasen oportuno, los precios.

"Con la democracia se come, se educa y se cura", fue la frase que inmortalizó el presidente radical. Pero hubo algo que no pudo combatir con la democracia, y que resultó un golpe duro para su gobierno, así como para los argentinos: la inflación.

En 1983, Alfonsín, asumió la presidencia de la Nación, pero al finalizar el año 1984 el salario real había aumentado un 35%, pero la inflación alcanzó 625% anual.

En febrero de 1985, el gobierno modificó su plan con el objetivo de implementar una política económica que atacara frontalmente la inflación.

El 14 de junio Alfonsín anunciaba por televisión la puesta en marcha del Plan Austral, por el que se creaba una nueva moneda, el Austral, se congelaban todos los precios de la economía y se establecía un mecanismo de "desagio" para desindexar los contratos.

El Plan Austral fue un plan no monetarista, que se basaba en la idea de que, en una economía de alta inflación durante varias décadas, como la argentina, el único modo de lograr la estabilidad era frenando lo que llamaban "inflación inercial", es decir la anticipación de la inflación por parte de los agentes económicos.

El Plan Austral funcionó bien al principio, pero en 1986 la inflación volvió a mostrar una tendencia ascendente y los precios relativos de cada sector comenzaron a verse afectados, situación que se vio agravada por la gran caída de los precios de los productos argentinos de exportación (40% en el período).

Las colas en el supermercado, los carteles de "sólo uno por persona", y el Plan Austral, son imágenes que los argentinos tienen presentes en su retina, y que evocan tiempos de desesperación y crisis. Ojalá no se repitan.

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