2010: un año para pensar en lo Importante y no sólo lo urgente

El 2009 terminó como empezó: con un alto nivel de conflictividad y, a la postre, acuerdos que sellaron una endeble convivencia. La última discusión salarial entre el Frente Estatal y el Poder Ejecutivo fue muestra de una lucha permanente por el poder y la racionalidad, y, en el medio, la previsibilidad de los fondos de toda la provincia.
Era de conocimiento tácito en algunos funcionarios que los gremios estatales asestarían un embate a fin de año, intentando conseguir un aumento extraordinario. Lo que también era de conocimiento tácito era aquello que las arcas provinciales habían llegado a su nivel más bajo y crítico de los últimos años.

De allí entonces la tensión y la conflictividad, para muchos exagerada si se tiene en cuenta que el gobierno provincial no adeudaba salarios ni aguinaldo. Los acuerdos firmados en los últimos meses hacían suponer, en algunos dirigentes, que las cosas se arreglarían por piloto automático y todo terminaría como siempre: cediendo y comprometiendo las cuentas públicas.

Sin embargo, pasó Navidad y en el momento más crítico de la discusión fue el propio gobernador, Walter Barrionuevo, quien envió un mensaje a la sociedad y expuso, con total sinceridad, la complejidad de la situación financiera provincial dejando en claro que sería imposible para el Estado cumplir con el pedido de aguinaldo extra un pedido que implicaba una erogación de más de 70 millones de pesos (toda una carga imposible de cumplir si se consideran las tímidas recaudaciones que se obtienen en enero y febrero). Ese mensaje implicó, en retrospectiva, un doble escenario posible: por un lado la ira descontrolada de la dirigencia gremial y el retorno a viejas refriegas que Jujuy conoció en detalle en la década del ‘90. O bien, por otro lado, lo que finalmente ocurrió: un ambiente más tranquilo (aunque no menos tenso) para la discusión y la búsqueda de acuerdos.

Por ello, ante la pregunta de cómo se llegó a una solución frente a tanta adversidad descripta, la respuesta para los operadores de San Martín 450 consultados por Pregón parece simple: "Escucharon responsablemente al Gobernador y se firmó un acuerdo que significó una erogación infinitamente menor a la estimada, aunque ahora hay que salir a buscar la plata".

ALTO PRECIO

Lo cierto es que se trata de un costo demasiado alto, para todos los actores implicados, actuar al límite del caos institucional y social. Al fin y al cabo, a nadie le favorece (mucho menos al ciudadano común) vivir permanentemente en un escenario de anarquía y disputa sectorial.

Ante este escenario es posible hacer algunas reflexiones estructurales. En primer lugar, decir que Jujuy sigue siendo, a pesar de todos sus avances, una provincia imprevisible, "pistolera" y violenta, con el agravante de que esas consecuencias no son evaluadas en su total dimensión por algunos actores de la política y la dirigencia social. En segundo lugar, afirmar que la lista de aliados y no-aliados de partidos políticos y organizaciones sociales es tan difusa y controvertida, que muchas veces la frontera de lo "obvio" se termina embrollando con lo "sorpresivo" y "excéntrico". Con este mapa de adeptos y no-adeptos, es difícil imaginar -entonces- que los acuerdos políticos que prevé la democracia sean sustentables y racionales.

En tercer lugar, dejar en claro que el futuro de la provincia es cada vez más gris. Si bien la recuperación económica prevista para el 2010 traerá algo de alivio recién para fines del nuevo año, lo cierto es que el Estado tiende a colapsar, porque su capacidad de respuesta se hace finita. Y no se trata, tal como dijeron diarios de circulación nacional e inclusive el propio presidente de PJ local, Eduardo Fellner, de una situación de gestión o coyuntura, sino del agotamiento de un modelo que busca, necesariamente, canales que descompriman la centralidad estatal en la vida pública. Hay que tener en claro que -al margen de los hombres, los proyectos políticos, las aspiraciones personales o sectoriales- la provincia se encamina a la hecatombe si es que en el mediano plazo no se cambia de dirección, se ajustan algunos nudos y se establecen nuevos horizonte de progresohecho que algunos actores de la política y la dirigencia social parecen no capacitados para asumir y reconocer como principal desafío.

RECAMBIO DE GABINETE

Tal vez consciente de esa situación, es que el gobernador Barrionuevo aceleró, una vez terminado el conflicto, su recambio de gabinete. Tampoco es casual aquella frase que dijo en el Salón Blanco sobre la necesidad de ocuparse de lo importante y no solo lo urgente. Muchos menos que haya cargado todas las tintas en el área de Producción, donde encomendó públicamente a Walter Díaz Bennetti preparar un plan estratégico para los próximos años, que permita pensar nuevos proyectos y oportunidades. Benetti, quien demostró solvencia técnica y profesional de alto vuelo, asume el gran desafío de redireccionar la discusión, empezar a hablar de proyectos productivos auténticos y viables y construir, lentamente, otro perfil de provincia.

Donde también hubo cambios fue en Fiscalía de Estado. Alberto Matuk, quien reemplaza al ahora diputado provincial Jorge Casas, asume con el desafío de seguir una línea de trabajo que logró, tal vez sin la difusión merecida, bajar considerablemente los juicios perdidos por el Estado. Lo que se dice en la tribuna popular, seguir recuperando la "voz de mando" en algunos litigios y conservar la salud de las arcas públicas. Una tarea nada despreciable si de ahorrar dinero se trata y pagar los compromisos asumidos.

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