El 2009 viene con recesión bajo el brazo

El impacto de la crisis del campo y la debacle internacional pegaron duro en la Región Centro. Santa Fe es la provincia que más sufre la desaceleración de la economía.
En la Región Centro, Santa Fe es la provincia que más sintió el impacto de la crisis. Por su contextura económica y productiva, ligada con gran fuerza a las exportaciones del sector agroindustrial, aquí repercutió con mayor dureza el crack global, que motivó a que la presidenta Cristina Kirchner pusiera en marcha un plan de contingencia con más de un mes y medio de retraso.

Un estudio del Instituto de Investigación en Economía y Dirección para el Desarrollo, de la Universidad Austral de Rosario, bucea en los distintos indicadores de las provincias de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. Crítica de Santa Fe accedió a ese informe y centró el análisis comparativo de los datos entre las provincias de mayor peso de la Región Centro, como son las dos primeras.

“En el primer plano del problema aparecen las industrias situadas en Córdoba y Santa Fe. En estas provincias los indicadores de actividad económica señalan que entrarían en una fase recesiva entre el cuarto trimestre de 2008 y el primero de 2009”, señala Ana Navarro, quien dirigió el estudio.

El informe advierte que “la tendencia de las principales actividades económicas de la Región Centro cambió antes de la crisis mundial. Se desaceleró en algún momento del primer trimestre de 2008 y mostró los primeros signos de contracción entre el segundo y el tercer trimestre de ese año”.

El documento estima que ante “una pérdida del 10 por ciento de los puestos de trabajo, el consumo real se contraería un 13 por ciento en Santa Fe y poco más del 7 por ciento en Córdoba. La publicación “Indicadores Regionales” sostiene además que la recesión impactará alrededor del 20 por ciento en la recaudación fiscal de ambos distritos. “Las administraciones de estas dos provincias enfrentarán fuertes limitaciones para paliar la contracción de la actividad privada en 2009, y por lo tanto deberían dirigir sus esfuerzos en reclamar con firmeza al gobierno nacional los fondos y las obras que se les adeudan y una mayor coparticipación de los impuestos, que se halla en sus mínimos históricos”, apunta el documento.

El estudio elaborado por la Universidad Austral se centra en el análisis de los distintos sectores productivos de la región. Uno de ellos es el sector lácteo, que tras los fallidos acuerdos promovidos por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, se halla en una delicada situación, igual que la rama frigorífica.

Leche. En el sector tambero, Córdoba mostró no sólo una menor disminución que Santa Fe durante 2007, sino una recuperación posterior mucho más grande. “Los tambos santafesinos, han tenido una contracción más severa durante 2007 y también una menor recuperación de los volúmenes de producción. Crece la participación relativa de los tambos cordobeses, que actualmente producen el 56 por ciento de la leche cruda de la Región Centro”, describe el informe.

Según los últimos datos estadísticos disponibles –los de agosto pasado– los tambos santafesinos obtuvieron 209,4 millones de litros de leche. La producción libre del efecto estacional fue del 0,5 por ciento mayor en agosto con respecto al mes anterior, y un 6,7 respecto al mismo mes de 2007.

En Córdoba, la producción primaria de leche fue en agosto de 263,4 millones de litros. El incremento fue del 2,3 por ciento. Pero la gran diferencia con Santa Fe se percibe en la variación interanual. En la provincia mediterránea la brecha positiva fue del 22,9 por ciento durante los primeros ocho meses del año.

A nivel de exportaciones lácteas, las ventas descendieron sin disimulo. Santa Fe exportó de septiembre a enero un 9,9 por ciento menos de productor. En Córdoba no hay registros de las exportaciones en este período.

Frigoríficos. De acuerdo con datos oficiales del Senasa, la faena durante el período enero-septiembre cayó en la Región Centro. Los frigoríficos santafesinos fueron los más afectados. Con todo, en los primeros siete meses del año, la caída se presentaba más pronunciada que la que se observa cuando se agregan los datos de agosto y septiembre, debido a que en estos meses la actividad tuvo un rebote pronunciado.

En Santa Fe, la faena de bovinos durante el período enero-septiembre de 2008 fue de 1.796.500 cabezas, un 2,7 menor que en el mismo lapso del año pasado. Sin embargo, en ese último mes, la faena repuntó 2,5 % respecto de agosto al alcanzar los 326,9 mil animales. En Córdoba no hubo caída en esta actividad: se faenaron 862.500 cabezas en los primeros nueves meses del año, un 3,6% de aumento interanual.

Polo oleaginoso. En producción de aceites, sobre todo de soja y girasol, Santa Fe concentra el 90 por ciento de la producción nacional. El paro agropecuario, que se extendió de marzo a julio, y la caída de los mercados internacionales provocaron un fuerte cimbronazo en un sector que liquida más de 20 mil millones de dólares en divisas por año. En el período enero-septiembre se procesaron en Santa Fe 4.221.800 toneladas de soja, un 4,7% menos que el año anterior, cuando la producción superó los 4,4 millones de toneladas. Las exportaciones bajaron notablemente: en este período la baja fue del 18,6 por ciento.

En la provincia de Córdoba, donde la fabricación de aceites es muy inferior a la de su vecina Santa Fe, la producción bajó un 32,3 por ciento al alcanzar las 188,7 mil toneladas. El mismo período del año pasado superó las 278 mil toneladas.

Industria automotriz. Las terminales ubicadas en la Región Centro –en Córdoba, Fiat, Iveco y Renault; y en Santa Fe, General Motors– recibieron de lleno el impacto de la contracción de las ventas a nivel global y las expectativas de producción para el último trimestre del año se redujeron entre un 15 y un 20 por ciento. En octubre, las fábricas ubicadas en Córdoba y Santa Fe disminuyeron la producción un 1,3 por ciento y la tendencia acumulada registró una abrupta variación negativa del 26,1 por ciento.

“Los datos del período enero-octubre de 2008 registran un considerable aumento que la producción tuvo con anterioridad a la recesión global. Sin embargo, se puede observar que la desaceleración de la tasa de expansión interanual ya existía desde antes. Hasta el mes pasado, la tasa de crecimiento anual se situaba 3 por ciento por encima de la que se registra en octubre”, advierte el documento.

Gas y electricidad. El consumo de gas en la Región Centro tuvo una caída del 4,6 por ciento entre enero y agosto de este año. En la provincia de Santa Fe, la baja fue del 2,6 por ciento, mientras que en Córdoba la disminución fue más fuerte al alcanzar un descenso del 6,6 por ciento.

En cuanto a la demanda de energía eléctrica, el informe de la Universidad Austral remarca que “se siente una desaceleración del consumo”. Entre enero y septiembre la electricidad disponible de la Región Centro aumentó un 4,6 por ciento con respecto al mismo lapso del año pasado. Hasta el mes de julio inclusive, el suministro eléctrico mostraba una expansión interanual del 5,2 por ciento.

Combustibles. El consumo de gasoil bajó un 4,5 por ciento en Santa Fe durante agosto, mientras que en Córdoba la venta de este combustible se redujo un 7,4 por ciento. En comparación con el año anterior el consumo de gasoil se contrajo un 0,9 por ciento. El achique también se sintió en la venta de GNC, que bajó durante este lapso un 5,3 por ciento en Santa Fe y un 4% en Córdoba. En este sector, lo único que se incrementó fue la venta de naftas. En la primera provincia aumentó un 8,5 por ciento, mientras que en la segunda el alza fue del 8,4 por ciento.

Construcción. El estudio tomó las ciudades de Córdoba y de Rosario, las dos principales de las dos provincias, para medir la evolución de este sector, que tiene una incidencia muy fuerte en la creación de mano de obra. En la Cuna de la Bandera la actividad descendió un 22,6 por ciento entre enero y agosto, mientras que en la capital cordobesa la baja llegó al 20 por ciento.

También en materia de ladrillos, la bota santafesina acusó el trago más amargo de la desaceleración económica entre sus vecinas de la Región Centro.

OPINIÓN

Cómo sortear la crisis

Esteban Hernández (Fundación Apertura)

La crisis va a golpear muy fuerte en Santa Fe, porque es una provincia donde la cadena agroindustrial es de las más densas e integradas: este sector genera aquí el 60 por ciento del empleo privado. A esto se suma un proceso de sequía que –según el Inta– seguirá en el 2009, lo que agrega más desánimo y reduce las expectativas de rindes. También faltan políticas agropecuarias del gobierno nacional (que en algunos casos es antipolítica) y eso desalienta aún más. En definitiva, el panorama es duro y tendrá también un impacto en el empleo.

Santa Fe es una de las provincias con menor relación entre empleados públicos y población activa. Esto hace que, en crisis, los índices de desocupación suban proporcionalmente más respecto de provincias con mayor densidad de empleo público y que no sufren tanto las recesiones de la economía.

Ante este panorama, los estados provinciales tienen escasísimas herramientas para trabajar a contra ciclo. Las funciones centrales de los estados provinciales son educación, salud, seguridad, justicia y acción social. Sostener estas funciones le lleva a nuestra provincia más del 55 por ciento del gasto total. El resto está asignado a coparticipación a municipios y comunas, jubilaciones de los pasivos y la obra social de los empleados públicos. En total, esto representa el 90 por ciento del gasto total de la provincia.

Entonces, el resto, menos del 10 por ciento del ingreso, puede aplicarse a obras públicas, una herramienta reactivadora por excelencia.

Esta crisis generará seguramente aumentos de demanda de asistencia social y de salud, lo que hace imposible tener políticas contra cíclicas, como por ejemplo bajar impuestos.

Más del 70 por ciento de la presión tributaria consolidada –es decir, la suma de impuestos nacionales, provinciales y municipales que paga un ciudadano– es generada por los tributos nacionales, por lo que, por ejemplo, una reducción de impuestos provinciales o municipales, casi no genera el impacto anímico necesario para cambiar las expectativas de los agentes económicos.

Este panorama también se da en los 362 municipios y comunas de la provincia que, si bien han recibido este año una coparticipación plena (lo que no se cumplía desde 2003), no alcanzan con los recursos para atender las demandas de los ciudadanos.

En realidad, hay que pensar en cómo estar preparados para disponer de más fondos para cuestiones sociales.

Por el lado de la obra pública, hay que pensar que con los remanentes de los fondos provinciales se deben atender las obras en marcha.

Se hace obra pública con endeudamiento. Nuestra provincia tiene una capacidad potencial interesante de endeudamiento. Pero conseguir fondos en el sistema financiero nacional es imposible en este momento donde no hay para nadie. Y para conseguir endeudamiento externo las provincias deben contar con el aval del gobierno nacional, sin el cual es imposible liberar líneas, como por ejemplo, del Banco Mundial. En este aspecto, Santa Fe debería tener una estrategia común que permita conseguir los avales nacionales en forma urgente. Y allí debe trabajar la política con una mirada integradora en donde las mayorías y las minorías provinciales deben articular una estrategia común para acelerar la gestión de los avales ante la administración nacional.

El problema es la falta de confianza

Eduardo Remolins (Sur Norte Inversión y Desarrollo)

Santa Fe sintió las repercusiones derivadas de la crisis política y el enfrentamiento campo-gobierno en virtud del peso que tiene en su estructura productiva la cadena agroalimentaria. Los problemas se iniciaron a comienzos de año, cuando empezaron a surgir inconvenientes con los productores agropecuarios. Cuando esa cadena central de la economía provincial comenzó a desacelerarse, se desaceleró también el consumo de bienes durables, automóviles, el esparcimiento, la gastronomía, la construcción. Se retrocedió parcialmente en el camino recorrido desde 2003. Luego llegó la crisis internacional que deprimió los precios y la demanda de nuestras principales exportaciones: agroproductos y automóviles.

Sin embargo, creo que el mayor impacto lo sumará el clima de incertidumbre y desconfianza al que contribuyó en gran medida el gobierno nacional con sus iniciativas de confiscación de jubilaciones privadas (no el cambio de régimen, que no objeto, sino la apropiación de las cuentas) y el blanqueo-moratoria.

En cuanto al desempleo, creo que subirá, y junto con ese problema se verán las complicaciones fiscales que tendrán los estados municipales (Rosario es uno de ellos) y, por transición, la Provincia. La recaudación será menor por la baja de la actividad económica. La estructura impositiva fuertemente centralizada pondrá a las provincias (Santa Fe entre ellas) en una posición de mayor debilidad frente a un Estado federal que utiliza los fondos como premio a la disciplina política.

Una de las herramientas que puede utilizar el Estado provincial es sostener todo lo posible la inversión pública, sobre todo en infraestructura y, más que nada, en áreas y regiones con una sub inversión crónica: obras de agua potable y saneamiento e infraestructura vial en el Gran Rosario y en el norte de la provincia. Fuera de esa herramienta en la que coinciden hoy hasta los economistas más ortodoxos, el gobierno provincial carece de instrumentos adecuados (como los monetarios, por ejemplo) para enfrentar la crisis. Carece también de un agente financiero (como era el Banco Provincial antes de su privatización). Le resta manejar la política económica y la política en general, de manera de reducir la incertidumbre y aportar confianza.

El Estado santafesino puede tener, además, una voz en materia de políticas nacionales. Puede opinar y atemperar los bruscos vaivenes a los que es afecto la actual administración nacional. Además, contribuiría a transmitir en el exterior una imagen de la clase política local más positiva y a crear la idea de que existen actores locales de peso con posiciones racionales, moderadas y creíbles.

Del mismo modo que el Estado santafesino contribuyó a equilibrar las fuerzas en el conflicto agropecuario, pacificar los ánimos y aportar propuestas superadoras, en esta crisis podría jugar un papel parecido. La incautación de las jubilaciones (no el cambio de régimen, que es otra cosa), era una buena oportunidad para jugar ese rol. Habrá otras.

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