2009, odisea federal y pelea palmo a palmo en legislativas

Será un año económica y socialmente muy difícil, pero ofrecerá la posibilidad de empezar a rescatar un federalismo hoy inexistente.
Las novedades y las declaraciones de las últimas semanas del año demuestran a las claras que las energías políticas están puestas en las elecciones de octubre de 2009. Cualquier declaración o acto de los actores políticos nacionales genera respuestas de posicionamiento, ésas que interpretan en clave propia palabras y acciones ajenas.

En ese plano -el nacional- las principales cuestiones a dirimir son las estrategias de agrupamiento de la oposición y las cuñas que pueda aplicar el oficialismo para desbaratarlas.

No es casual, por ejemplo, que la otrora "intransigente" Elisa Carrió haya virado a un pragmatismo que no deja afuera siquiera al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, a quien durante años la líder de la Coalición Cívica consideró lisa y llanamente de contrabandista.

En ese contexto, no queda tan claro si el renovado protagonismo del ex presidente Eduardo Duhalde, como ariete contra el kirchnerismo, contribuirá a consolidar un frente opositor -como interpretó rápida e interesadamente la kirchnerista cordobesa Patricia Vaca Narvaja- o, por el contrario, a dispersarlo.

Esperanza

Esta última es, claramente, la principal esperanza del kirchnerismo y también la mayor debilidad de una oposición demasiado ansiosa de 2011. Binner, Carrió, Cobos, Solá y, en un segundo plano, Lavagna, De la Sota, son más egos y perfiles políticos e ideológicos de los que pueden caber en una sola elección "nacional".

La nacionalización de la competencia electoral es comprensible por la natural tendencia de los referentes de oposición a buscar la "pole position" de cara a la competencia presidencial, y por la esencia totalizante del kirchnerismo, cuya mejor esperanza de "ganar" es evitar que otros lo hagan. Algo que -dado el derroche de capital político en que el Gobierno incurrió a lo largo del año que termina- no deja de ser una apuesta sensata.

Tal es la dinámica de la política que se juega, básicamente, en las pantallas de TV.

A las urnas

Los votantes, sin embargo, no deben perder de vista que las elecciones de octubre son legislativas y federales. Lo que estará en juego son la mitad (123) de las 246 bancas de la Cámara de Diputados, contienda que abarcará a todas las provincias del país, y un tercio (24) de las 72 senadurías nacionales, que se votarán en ocho distritos: Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Corrientes, Catamarca, Chubut, La Pampa y Tucumán.

No está de más recordar el abecé electoral, al cabo de un ciclo parlamentario que ha demostrado que los legisladores, incluso en el Senado, la cámara "federal" por excelencia, mostraron una fortísima tendencia a votar por lealtad "partidaria".

La derrota oficialista en la histórica votación por las retenciones móviles fue la única excepción a esa regla. Y en rigor, el del Senado fue incluso un empate, resuelto en contra del kirchnerismo por el voto "no positivo" de Julio Cobos.

Sin dificultades

Tras aquella votación, el Gobierno no tuvo dificultades en hacer aprobar la reestatización de Aerolíneas y Austral ni su proyecto de movilidad jubilatoria, al que le introdujo cambios apenas cosméticos. Ni Diputados ni Senadores cuestionaron la nueva prórroga a los "superpoderes" con que el Ejecutivo continúa devaluando el significado del Presupuesto Nacional, ni tuvieron problemas en estirar a su octavo año de vigencia la "emergencia económica", que confiere al Estado amplia discrecionalidad para decidir sin más cuestiones que afectan la vida de millones de argentinos: desde la renegociación de contratos de servicios públicos, hasta el manejo de los programas sociales y una multimillonaria suma de subsidios.

Más sorprendente aún fue que se prorrogaran, por amplia mayoría y sin modificaciones, una amplia gama de tributos, incluido el impuesto al cheque, del que las provincias reciben apenas 15 por ciento.

El blanqueo de capitales

En una discutible votación, que se reabrió dos veces, el Gobierno logró aprobar incluso el sospechoso blanqueo de capitales (tal vez porque no accedió a escindir ese capítulo de los de regularización laboral y moratoria tributaria), cuyo producido ofreció "coparticipar" con las provincias, pero éstas perdieron 900 millones de pesos contantes y sonantes con la derogación de la llamada "tablita de Machinea" de impuesto a las Ganancias.

Otra muestra didáctica del cuasi nulo federalismo sucedió cuando, tras aprobar en general la ley de reestatización del stock y del flujo de fondos jubilatorios que antes alimentaban el subsistema de capitalización, 41 de los 72 senadores votaron, en la discusión "en particular" de diferentes artículos, en contra de devolver a las provincias los 32.000 millones de pesos que le correspondían a éstas por los 14 años que financiaron la "transición" de un sistema a otro, y de más de la mitad del flujo anual de 15.000 millones de pesos que pasó a recibir la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses), la principal "caja" de la que dispone el oficialismo para intentar revertir su declive en las elecciones del año próximo.

Congreso maleable

Con todo, el ejemplo más brutal de la maleabilidad del Congreso a los deseos del Ejecutivo ocurrió cuando el bloque oficialista impuso su peso para respaldar el veto presidencial a la ley de Protección de Glaciares.

Funcionarios y legisladores otrora convencidos de la causa K, como el presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), Enrique Martínez, y el Diputado Miguel Bonasso, lo llamaron el "veto de la Barrick Gold" (por la multinacional con proyectos auríferos y cupríferos en la zona andina) y el senador socialista Rubén Giustiniani habló de "el triunfo del oro sobre el agua". Pero ninguna chicana o juego de palabras alcanzó para sostener la validez de una ley que treinta días antes el mismo Senado había votado por unanimidad.

Sería paradójico que el principio federal comience a ser rescatado justo en un año en el que la Argentina estará más expuesta que antes al impacto de macro-fuerzas: la crisis económica mundial y el impacto pleno (sobre la producción, sobre la provisión alimenticia, sobre el comercio exterior, sobre la salud fiscal, sobre el empleo y la actividad económica) del desgarrante conflicto que en 2008 enfrentó al Gobierno con los sectores rurales.

Más allá de la paradoja, en los momentos más difíciles es cuando más importa elegir bien a quiénes nos representan. Tal el castigo -y el premio- que se perfilan para 2009.

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