Un 2008 repleto de anuncios... y de furcios

Errores y enredos del discurso presidencial
La hiperactividad (y ese afán por explicarlo todo) que se propuso Cristina Kirchner en los últimos tiempos para levantar su imagen dejó algunas huellas que, seguramente, ella misma querrá borrar.

La catarata de anuncios y los múltiples discursos con los que intentó acaparar la atención pública la llevaron a cometer algunos errores que, aunque no llegan a la categoría de los históricos de Carlos Menem, empezaron a componer el universo de los furcios kirchneristas.

En su seguidilla de presentaciones, Cristina Kirchner usó frases que, por fuera de los libretos políticos convencionales, la dejaron muy seguido al borde del papelón. El error más notorio fue aquel que la Presidenta cometió nada menos que ante los más prestigiosos científicos del país. Increíblemente, hasta ella misma dijo que lo único que recordaba de sus clases de química en el colegio secundario era la fórmula del agua. Pero vaya desliz: cuando se le ocurrió nombrarla, la dijo mal. "Hache dos cero", lanzó, confundiendo con un número la letra O de la partícula de oxígeno. El auditorio enmudeció. La Presidenta nunca se percató del error y sonrió ante las cámaras. La salvó, por lo menos en el registro histórico escrito, el equipo de taquígrafos que trabaja en la Casa Rosada que, con paciencia, corrigió la fórmula. Pero la frase quedó guardada en audios y videos que se consumieron rápidamente a través de Internet.

Pasada la crisis después de los duros discursos de la guerra con el campo, la Presidenta hizo un intento por aparecer más descontracturada ante la opinión pública. Pero apelar a las improvisaciones no suele ser un buen consejo para los políticos, menos si la imagen está en baja.

En medio de su gira por los países del norte de Africa, específicamente en Argelia, Cristina Kirchner propuso un brindis, en un país en el que esa forma de celebración no es tradición. "¿No se brinda aquí? Bueno, vamos a congratularnos", debió responderse, sobre la marcha, ya con la copa en alto. Como explicación, apeló a sus recuerdos del pasado, una salida que usa con asiduidad. "Un viejo refrán que decía mi abuela: «Donde fueres haz lo que vieres», era española y como toda española algún antepasado árabe debo tener en mis tres abuelos españoles", intentó arreglarla, sin ninguna ilación. Ya era tarde.

Parece que los aires extranjeros mueven a la Presidenta a despacharse en improvisaciones. En Moscú, y con el presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, sentado a su izquierda, la jefa del Estado apeló a una frase que hoy debería formar parte del manual de inoportunidades políticas. Inexplicablemente, pidió disculpas por haber dicho la palabra "revolución", en referencia a la construcción del gasoducto de Nordeste, una obra planificada por su Gobierno. "Esto es una revolución, bueno? con perdón de la palabra revolución. Han tenido alguna experiencia los rusos en las revoluciones", se enredó, sin más. Nadie esbozó una sonrisa, ni siquiera, para acompañar la suya.

Impuntualidad

Ya es costumbre que la Presidenta se demore en los grandes encuentros con otros mandatarios.

Primero fue en la cumbre de Lima, siguió con su retraso en la reunión del G-20, en Washington, y tuvo el broche final en Brasil. Pero lo llamativo es la explicación que dio Cristina Kirchner: "En este lugar no dan ganas de trabajar". Luiz Inacio Lula da Silva, que oficiaba de anfitrión, ya había dado comienzo formal al encuentro. Claro, sin ella.

Después de crisis con el campo, que la llevó a decir que la soja era un "yuyo", llamó ministro al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y equivocó la ubicación geográfica de la laguna La Picasa, el apurón con las medidas económicas que tomó la Presidenta ante la debacle financiera también la dejó rehén de improvisaciones y olvidos.

Esto ocurrió el día en el que anunció, en Pilar, el blanqueo de capitales. Cristina Kirchner se olvidó de anunciar nada menos que la moratoria fiscal, la gran apuesta de su gobierno. Ante la falla, ese mismo día y casi al filo de la medianoche, algunos miembros de su gabinete debieron salir a remendar el error. Fue en la misma jornada en la que la jefa del Estado se dio el lujo de comparar a Barack Obama con Néstor Kirchner.

Otra de sus frases desafortunadas fue recomendarle a EE.UU. que tuviera "un plan B" ante la crisis. No por su afirmación, sino porque pasaron apenas unos días de aquella sentencia hasta que la propia Presidenta empezó a aplicar un programa de emergencia para evitar los coletazos.

Y si de olvidos se trata, en dos oportunidades en los últimos días la Presidenta debió volver al micrófono después de sus anuncios en la quinta de Olivos mientras ya estaba saludando. Uno, tras las nuevas medidas para el campo. El otro, que llegó con aclaración y todo, cuando presentó un paquete de 13.200 millones de pesos para incentivar el consumo. Se olvidó de anunciar un plan de créditos para las pymes. "Esto me pasa por la costumbre de no leer. Es para los que dicen que soy soberbia y no reconozco errores", sonrió ante las cámaras. A partir de allí debió recurrir a los apuntes.

Comentá la nota