2001: un juego de niños con un Kirchner sin control legislativo

Por Roberto Cachanosky

Según Néstor Kirchner, si el oficialismo no retiene la mayoría en el Congreso en las próximas elecciones legislativas corremos el riesgo de volver al 2001. En rigor, hay varios indicadores económicos que se parecen a 2001.

Por ejemplo, según datos del Ministerio de Economía, al 31 de diciembre de 2001 la deuda pública sumaba U$S 144.222 millones. Al 31 de diciembre de 2008 el stock de deuda pública llegaba a los U$S 145.974 millones, sin incluir los U$S 23.000 millones de los atrasos con los holdouts, luego de haber cancelado la deuda con el FMI por U$S 10.000 millones y habiendo hecho una de las quitas más grandes de la historia al momento de reestructurar la deuda. Digamos que la tan declamada política de desendeudamiento quedó en los discursos, como otros tantos anuncios. Hoy la deuda pública es levemente superior a la de 2001. Pero hay un dato adicional, hoy, al igual que en 2001, el Gobierno no tiene acceso al mercado voluntario de deuda, de manera que, bajo la administración de Kirchner, en este rubro estamos en la misma situación que en 2001. Mismo stock de deuda pública, cerrado el acceso al mercado voluntario de crédito y problemas para hacer frente a los vencimientos del segundo semestre de este año y del que viene.

Otro de los temas de 2001 era el tipo de cambio. El 1 a 1 era considerado el factor que destruía la producción industrial. A marzo de este año y en relación con diciembre del 2001, cuando se compara el incremento del tipo de cambio con el incremento de los precios mayoristas que publica el INDEC, el primero subió solo un 2,2% más que los precios mayoristas. Es decir, aún tomando como válidos los datos del INDEC de Moreno, el tipo de cambio real está igual que en 2001, al punto que hasta la UIA pide un dólar más alto y todos tienen expectativas de devaluación para luego de las elecciones, algo que inevitablemente va a ocurrir por la lógica del modelo kirchnerista. Agreguemos a este dato la fuga de capitales que hoy tiene una intensidad muy similar a la de 2001, y el escenario cambiario no es muy alentador.

En términos de actividad económica, la producción industrial en 2001 cayó el 7,6% mientras que en estos momentos está cayendo al 14%. La recesión se siente intensamente a pesar de que Kirchner disfruta de un precio de la soja que duplica al que tenía De la Rúa, con la diferencia que en el 2001 no había inflación y ahora tenemos una inflación que ronda el 20% anual. En este caso, la situación es peor que la de 2001: recesión con inflación.

En términos fiscales, en marzo de este año, luego del pago de los intereses de la deuda, el Sector Público Nacional tuvo déficit fiscal. Y ese déficit se produce a pesar del no ajuste por inflación de los balances lo que genera un pago del impuesto a las ganancias mayor al que efectivamente tienen las empresas, de los derechos de exportación que hoy rigen y que no existían en 2001 y de varios dibujos que se incluyen en las cuentas del sector público.

La gran diferencia entre 2001 y la actualidad es que el nivel de depósitos es sustancialmente menor y las familias y las empresas no están tan endeudadas, lo cual muestra un fracaso del modelo kirchnerista más que una virtud, dado que no ha logrado generar un mercado de capitales que financie, a tasas pagables, el consumo y, sobre todo, la inversión. Lo poco que quedaba del mercado de capitales vía las AJFP, el Gobierno lo destruyó con la confiscación de los ahorros, igual que en la crisis de 2001/2002.

Ya a mediados de 2001 había miedo en la gente a confiscaciones, default y devaluación. Hoy estamos parados en la misma situación. La gente tiene miedo a que si gana el Gobierno siga avanzando sobre los activos privados, por eso fuga sus capitales. Además, hay serias dudas sobre la capacidad de pago de la deuda y la devaluación para luego del 28 de junio es casi una certeza.

A pesar de la crisis internacional, la economía argentina tendría posibilidades de amortiguar notablemente la recesión que generó el Gobierno si se eliminara ciertas trabas al sector productivo, particularmente al sector agropecuario, y se generara un mayor grado de certidumbre sobre las reglas de juego.

Dicho en otros términos, la economía argentina ha colapsado por dos razones fundamentales: a) la inconsistencia de la política económica, que hoy presenta todos los costos juntos y b) la incertidumbre en las reglas de juego que genera un hombre como Kirchner que no conoce límites a las medidas que puede adoptar. Curiosamente, y en forma contraria a lo que sostiene el ex presidente, si la oposición ganara las elecciones, le ofrecería al país un menor grado de incertidumbre dado que actuaría como un freno a la arbitrariedad en las reglas que vienen imperando desde 2003. El problema no tiene que ver solamente con la política económica propiamente dicha (controles de precios, prohibiciones de exportación, carga tributaria agobiante, gasto público descontrolado e ineficiente, etc.), sino que el mayor obstáculo es la incertidumbre que genera la ausencia de límites al Ejecutivo. ¿Quién puede animarse a poner una fábrica de hamburguesas si no sabe si Moreno lo va a dejar exportar, lo obligará a vender debajo del costo de producción o si tendrá energía para hacer funcionar las máquinas?

Kirchner tiene, al menos, dos problemas para poder evitar una crisis igual o peor que la de 2001. El primer problema es que maneja la economía creyendo que sabe, pero no sabe. Esto lo lleva a adoptar medidas inconsistentes e insostenibles en el tiempo. El segundo problema es que, para poder funcionar, la economía requiere de previsibilidad en las reglas de juego, algo que Kirchner no puede ofrecer. Por el contrario, lo único previsible en este gobierno es más confiscaciones, regulaciones y prohibiciones que terminen de ahogar la economía, generando mayor desocupación y pobreza.

Los costos de los errores económicos cometidos desde 2003, inevitablemente habrá que pagarlos. Ya se acumularon demasiadas distorsiones como para poder evitarlos. La pregunta no es si vamos a tener una crisis económica más profunda que la actual, porque la respuesta es obvia. Tantas distorsiones juntas terminan en una crisis. La pregunta es otra: ¿cuáles serían los costos de enfrentar la crisis con un gobierno kirchnerista sin límites a su accionar y cuáles los de un gobierno controlado por el Congreso?

El escaso apego que ha tenido Kirchner a respetar la propiedad privada hace pensar que, en caso de retener el mismo poder que ahora, luego de las elecciones cualquier medida confiscatoria entra en su catálogo de herramientas económicas, así como licuaciones de salarios y jubilaciones vía una devaluación o estatización del comercio exterior. Dicho en otros términos, para mantener su política populista, necesita recursos. Y esos recursos puede obtenerlos avanzando aún más sobre la propiedad privada. Como esto la gente lo sabe, la fuga de capitales podría ser descontrolada, la inflación desbordada, la desocupación llegando a niveles insospechados al igual que la pobreza e indigencia.

En síntesis, 2001 podría llegar a ser un juego de niños frente al catálogo de medidas que puede aplicar Kirchner sin ningún tipo de control legislativo y sin una Justicia que le ponga límites a un Estado voraz de recursos por los problemas fiscales que tenemos por delante. Un Kirchner sin control es pavimentar el camino a una economía descontrolada.

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