1959-2009 La Revolución que resistió el paso del tiempo, desafiada por el futuro

Con Fidel Castro alejado del poder, Cuba ingresa en una etapa de reformas políticas y económicas. El sistema comunista soportó el bloqueo de EE.UU. y, en su cumpleaños 50, busca su propio modelo.
Una condición invariable del futuro es que es el pasado el que lo hace posible. La Revolución Cubana ha sido un desafío en multitud de sentidos, su vigencia posiblemente el mayor y el más agresivo para muchos de sus enemigos. Sin embargo para observar este proceso y el extraordinario cambio que se está incubando, movido por los mismos dirigentes que hicieron aquel salto hace 50 años, conviene un par de pasos de distancia.

Son necesarios, para no caer en las simplificaciones que especialmente atraparon a los Estados Unidos, no el único rival de la isla en esa madeja. En verdad, la cercanía geográfica de Cuba ha sido un magro argumento de Washington para asumir una métrica dual que admitió una relación amplia comercial y política tanto con Vietnam como con China, dos naciones plenamente comunistas, pero que justificó un bloqueo económico de décadas sobre la isla caribeña, con inútiles efectos políticos.

Lo que viene abre esperanzas de que se repare ese desbalance, de la mano del proceso de reforma que arrancó con la llegada al poder de Raúl Castro, en febrero de 2008 y de las mutaciones que podrían producirse en EE.UU. que han creado grandes expectativas en La Habana. Pero la cuestión no es sólo si ese giro geopolítico --el fin del embargo, la normalización de relaciones-- es interpretado por los círculos más duros norteamericanos y del exilio como una derrota propia. Sino cómo vivirá Cuba su nueva revolución que proclamó el propio Fidel Castro en 2006 cuando anticipó que "estamos marchando hacia un cambio total de nuestra sociedad". Es claro que el pequeño país caribeño no saldrá hacia una apertura democrática liberal. No es una condición necesaria como lo prueban los casos de China y Vietnam. El pragmatismo, sí lo es.

Raúl Castro planteó en 2007, cuando ya estaba interinamente a cargo del poder que "Cuba no tiene mayor desafío que el combate por la eficiencia del sistema económico: habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios". Esas frases fueron llaves de enormes portales y apuntaron a un giro a favor del estímulo material en lugar del moral que rigió los comienzos de la revolución. De ahí que quizá fuera de los cambios más mediáticos como el acceso a teléfonos celulares, compras de televisores, motonetas, hornos a microondas y otros equipos electrónicos, el más relevante sea la adquisición sin restricciones de herramientas de agricultura.

El gesto de liberar este año a siete disidentes fue una señal adicional sobre lo que podría ocurrir más temprano que tarde con el resto de los más de 200 que purgan condenas en cárceles cubanas. Además Cuba sin bloqueo es un gigantesco negocio para el turismo en EE.UU., sobre todo el de la tercera edad.

El desafío para esta dirección es realizar esa transformación sin perder el control ni resignar los símbolos revolucionarios, un tema que está en el centro de la sorda disputa en la isla entre los llamados "inmovilistas" y los "renovadores". Los primeros admiten su preocupación porque, por ejemplo, si se entregan tierras en mayor cantidad de lo que se hace desde la reforma de la década de los '90, habrá un empleador y tendrán contratados que cobrarán un sueldo. "Ahí está la cuestión de la plusvalía que no se resuelve", le dijo a este periodista un alto dirigente de la Revolución explicando en qué andan los más duros.

No todo es tan esquemático. El Ministerio de Defensa que aún dirige Raúl Castro gestiona 844 empresas que generan 64% de las divisas del país y explican 60% de su PBI. En esas firmas, el Presidente vincula el estimulo salarial con los resultados. La consecuencia ha sido que sólo 7 por ciento de sus empresas registraron pérdidas en 2005/2006 frente al 38 por ciento del total de las compañías naciones que acabaron en rojo.

Algo similar sucede con el campo. Las cooperativas privadas que son mas de 1.500 poseen una fracción de tierras pero producen 60% de los productos agropecuarios.

La isla importa hoy cerca de 80% de los alimentos que consume aunque la mitad de sus tierras cultivables están ociosas o subutilizadas. Otra de las calamidades es que el salario promedio es de poco más de 10 dólares, cerca de 300 pesos cubanos. Es tan insuficiente que el propio Raúl Castro admitió que ese ingreso magro "generaliza manifestaciones de indisciplina social y tolerancia con actitudes antisociales". Mercado negro y baja disciplina laboral, sería la mejor traducción.

A los cubanos les irrita cuando se analiza el fenómeno de China o Vietnam como un proceso de capitalismo con otro rostro. En igual clave que sus socios asiáticos defienden como una modernización comunista la apertura que Deng Xiao Ping impuso hace 30 años en China o la del PC de Vietnam en 1978, con su célebre Doi Moi o renovación multifacética.

El espejo en el que más parecen reflejarse es justamente el vietnamita. Ese país determinó que "la economía mercantil no es un atributo exclusivo del capitalismo, sino una conquista de la humanidad y elemento necesario en la transición al socialismo" y proclamó acabar con "la mercadofobia". Al liberar las potencias individuales esa nación del sudeste asiático pasó de ser un importador neto de arroz a ser el segundo exportador del mundo y atrajo inversiones de la mano de sueldos comparativamente muy bajos y una mano de obra en extremo calificada. El Partido Comunista mantiene el control total del país, pero la economía se abrió al mundo y ha negociado acuerdos con todos los organismos internacionales existentes.

Si es el presente el que anticipa el futuro vale entonces observar ese sendero para adivinar los pasos de Cuba. La cuestión es el lastre del embargo aunque probablemente será menos una barrera que un escollo en ese camino que ya comenzó a andarse.

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