Más de 15.000 mujeres, en una marcha para exigir derechos

Más de 15.000 mujeres, en una marcha para exigir derechos
Se manifestaron por el aborto seguro y contra la violencia de género y la trata.
Con tanta alegría como entusiasmo, y casi sin incidentes a pesar de los malos augurios de los militantes ultracatólicos -en su mayoría varones-, más de 15.000 mujeres de todo el país marcharon ayer a la tarde por las calles de Tucumán. Como es tradicional, se realizó al cierre de más de 200 talleres y fue el acto más grande del 24° Encuentro Nacional de Mujeres, que finaliza hoy.

El principal significado de la marcha está simplemente en su realización: las mujeres se hacen visibles. Las reivindicaciones, presentes en centenares de carteles y pancartas de todos los formatos, resumen los esfuerzos por revertir lo que habitualmente son títulos de las crónicas policiales: violencia de género; abuso sexual de mujeres, niñas y niños; tráfico y trata de mujeres; explotación sexual; muerte materna y hospitalización por abortos clandestinos.

Los reclamos por el acceso al aborto seguro, legal y gratuito fueron aún más intensos que en los últimos encuentros, al punto de que tuvieron que abrir más de 26 talleres sobre este tema y sobre anticoncepción. Infiltrados por algún movimiento ultracatólico, que mandó a sus feligresas, motivaron también grandes polémicas entre algunas jovencísimas militantes de partidos de izquierda (ver "Hubo talleres...").

A pesar de que el programa de los talleres abarcó otros 50 temas diferentes, la Iglesia se concentró en éste. Desde días antes, el Arzobispado de Tucumán había agitado fantasmas de desórdenes durante la marcha. Mucho dinero costaron las gigantografías contra el aborto y los miles de afiches que empapelaron la ciudad. El arzobispo Luis Villalba suspendió las misas vespertinas en los templos del centro, donde se instalaron los ultracatólicos, a rezar y enarbolar afiches de bebés recién nacidos, mientras las campanas tocaban a rebato.

Fue prácticamente el único lugar donde hubo policías, tanto mujeres como varones, a pesar de que el jefe de la fuerza había pregonado el entrenamiento "especial" de 2.500 efectivos. No se los vio abriendo paso a la columna de más de diez cuadras, ni cortando las calles, ni atajando a los automovilistas impacientes.

Lila y verde fueron los colores predominantes. El lila es el color del feminismo. El verde, el elegido por la Campaña Nacional por el Aborto Seguro; repartió miles de pañuelos, que las mujeres adoptaron creativamente en su cuerpo y como accesorios.

Partieron a las 18.20 de la plaza Urquiza. Acaloradas y contentas, muchas se encolumnaron tras las pancartas de sus agrupaciones políticas -en un evidente despliegue de "aparatos"-, de sus organizaciones civiles, de sus consignas a favor de las mujeres, y de los carteles identificadores de su ciudad o provincia de origen. También hubo mujeres de Honduras, Colombia, España y Estados Unidos.

Muchas marcharon cargando a sus bebés o empujando el cochecito. Algunas hicieron un alto para darle la teta. Otra mamá se apartó a la vereda para jugar a las escondidas detrás de una columna con su hijito. Muchas también fueron quedando rezagadas por la artrosis, el sobrepeso, los años de trabajo duro. Las más jóvenes hicieron sonar bombos, redoblantes y pitos. Dos horas después de finalizada la marcha, lo único que seguía sonando eran las campanas de San Francisco, tocando furiosamente a rebato.

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